Lugar común de las campañas proselitistas es la mención de la Educación como el futuro estratégico de una nación. Todos los candidatos trajinarán la campaña con promesas respecto de fortalecerla, de hacerla más inclusiva y de mejor calidad. Pura cháchara, a juzgar por los resultados.
Es que la realidad indica que la educación argentina se desliza por un tobogán desde hace décadas. Daniel Filmus, que fue ministro del área entre 2003 y 2007, reconoció que el kirchnerismo se preocupó por la cantidad, pero descuidó la calidad, como los resultados de las evaluaciones lo corroboran. El número de alumnos se incrementó notablemente en la Argentina entre 2003 y 2015, sobre todo luego de la puesta en marcha de la Asignación Universal por Hijo (2008), que exige como condición para su mantenimiento la escolarización del niño. Pero si ese aumento de la matrícula escolar no va acompañado de políticas orientadas a que la inclusión de más estudiantes no deteriore aún más la calidad educativa, el resultado final es muy desalentador.
Durante lo que va de la gestión de Cambiemos el Presupuesto Educativo Nacional sufrió un recorte del 17 por ciento y la inversión educativa real por alumno tuvo un descenso de más del 20 por ciento.
Estos números que reflejan la gravedad del estado de situación actual de la educación argentina fueron revelados por un informe realizado por observatorios y centros de investigación de universidades de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires.
Las partidas que resultaron más afectadas fueron las relacionadas con la infraestructura: según el trabajo, se prometió construir 1.200 aulas pero se hicieron apenas 234; se prometieron 284 mil metros cuadrados de edificios escolares pero fueron solo 153 mil; se prometieron 287 mil metros cuadrados para jardines de infantes, pero solamente fueron 61 mil.
Al momento de evaluar la calidad educativa, la sociedad y las propias autoridades suelen posar una mirada crítica en la capacitación de maestros y profesores. Debería, además, cuestionarse al Estado nacional, que cada vez destina menos recursos a la formación docente: las partidas en este rubro están congeladas desde 2016.
¿A dónde van los recursos que pierde año tras año la Educación? El informe de mención arroja pistas certeras para responder este interrogante. Mientras baja el presupuesto educativo, sube el que se destina al pago de la deuda externa. En 2016, el Estado nacional utilizaba 0,9 pesos al pago de la deuda por cada uno que destinaba a educación. Actualmente la relación es tres veces mayor: son 3,3 los pesos que destinen a la deuda por cada peso que se invierte en educación.
Definitivamente, la preocupación por la Educación no se manifiesta en los discursos que se enuncian en las tribunas de campaña, sino en el diseño y ejecución de políticas que promuevan la calidad, la equidad y la inclusión, y que tengan el presupuesto adecuado para que se puedan plasmar en la práctica.