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Editorial

Discapacidad y grieta

Un decreto de la Agencia Nacional de Discapacidad conocido hace...
2 de octubre de 2018 - 04:18 Por Redacción El Ancasti

Un decreto de la Agencia Nacional de Discapacidad conocido hace algunos días ha generado esas clásicas polémicas en las que se ven envueltos periódicamente oficialistas y opositores.  La tan mentada grieta.


El instrumento en cuestión se refiere a las pensiones  No Contributivas por Invalidez. Para la mirada oficialista, se trata de la creación de un nuevo circuito administrativo de notificación de incompatibilidades, lo que en la práctica se traduciría en un sistema de control para detectar irregularidades de quienes están cobrando este beneficio. Las sospechas sobre personas que gozan de este beneficio sin tener discapacidad alguna, o discapacidades leves que no le impiden trabajar y llevar una vida normal están muy extendidas en la sociedad. Quién más, quién menos, todos parecen conocer algún caso que presenta esta irregularidad.


Para la perspectiva opositora, en cambio, se trata de una maniobra del gobierno para forzar la baja de la mayor cantidad posible de beneficios con el solapado propósito de ahorrar recursos. Es decir, una medida más de ajuste fiscal. 


En rigor, el gobierno nacional ya ha dado de baja 170.000 de estas pensiones. La Justicia le exigió que las restituya, medida que fue apelada. En ese contexto es que las autoridades nacionales emitieron el decreto mencionado, que le da solo diez días de plazo a aquellos que hayan sido notificados de una baja en su pensión, para que se presente en ANSES a los efectos de ratificar que posee una discapacidad, con una extensa lista de requisitos. Si no lo hace, la caída del beneficio será automática.


Las organizaciones que trabajan con personas con discapacidad sostienen que como muchos de los que cobran esta pensión mínima pertenecen a sectores de alta vulnerabilidad, no cuentan con los recursos necesarios para hacer esta presentación en tiempo y forma, por lo que muy seguramente perderán el beneficio. 


Según la Red por los Derechos de las personas por la Discapacidad, el decreto es “una emboscada” para “poner a la gente en las fauces del león”. Denuncian que los requisitos son tan exigentes que muchas personas que realmente necesitan de esa pensión la perderán indefectiblemente. Entre los requisitos se menciona que el beneficiario debe tener una incapacidad del 76 por ciento o más, y ni él ni su cónyuge tener otros ingresos. Pero además se señala que no debe tener parientes que "estén obligados legalmente a proporcionarle alimentos" ni tampoco "poseer bienes, ingresos ni recursos que permitan su subsistencia". Como se puede observar, requisitos sumamente exigentes que se habían flexibilizado años atrás para permitir una mayor contención y que ahora se endurecen nuevamente.


El sentido común, que no siempre goza de prestigio en la actividad política, aconseja un tratamiento prudente en una temática tan delicada. Es deber del Estado determinar cuáles pensiones por discapacidad fueron bien otorgadas, con exigencias de cumplimiento obligatorio y un control exhaustivo, y cuáles representan un fraude al Estado, a las que habrá que dar de baja. Pero también lo es fijar parámetros razonables para su otorgamiento, teniendo como propósito contener a aquellas personas que por algún tipo de impedimento físico necesita imperiosamente de la asistencia pública para algo tan básico y elemental como subsistir.
 

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