ver más
Tres meses después

Un estudio integral para Bañado de Ovanta

Especial para El Ancasti. Por Rodolfo Schweizer – Junio 2015
5 de junio de 2015 - 10:44 Por Redacción El Ancasti

A tres meses de los desastres causados por las inundaciones en el este catamarcano, el tema merece una reflexión. Como se puede apreciar actualmente en los medios, por un lado está la población que reclama ayuda y va más allá demandando obras específicas de infraestructura (un puente) y por el otro está el gobierno que hace lo que es de público conocimiento para mejorar la situación sobre el terreno. Según la información disponible, entre sus proyectos está construir un puente nuevo, mientras trata de mitigar el problema reconstruyendo las protecciones y condiciones previas a la inundación. A simple vista parecería que la decisión apunta a satisfacer el planteo de la población. Sin embargo, creemos que se debe ir más allá y acometer un estudio integral de esta población en su relación con el medio geográfico en que está levantada. Es lo que intentaremos hacer aquí.

 

Aclaramos que las opiniones que aquí se vierten se apoyan en la imagen satelital de Google Earth, disponible en internet para cualquier persona a quien le interese el tema. Obviamente, las reparticiones de la provincia pueden tener informaciones más precisas que las aquí mencionadas, sobre todo detalles del terreno y su nivel o altitud. En nuestro caso el nivel de referencia satelital para definir alturas es el nivel del mar. Pero creemos que la precisión de la información satelital y su amplitud bastan para acompañar y apoyar una evaluación general de lo que pasa en torno a Bañado de Ovanta. Sólo nos interesa entender por qué pasó lo que pasó y sacar conclusiones que puedan ayudar a resolver casos similares en la provincia. De no menor importancia es informar o aclarar a la población sobre algunos aspectos técnicos del problema que los aflige, información que puede ser útil para proyectar su futuro como pueblo.

 

También nos apoyamos en la información de los medios de prensa, la cual nos permite asumir como verdadera la conclusión de que la reciente inundación de Bañado de Ovanta se dio, básicamente, como consecuencia del taponamiento de la alcantarilla sobre la Ruta 64, la que pasó a actuar como un dique de contención ante las caudalosas aguas que bajaban por el río, las cuales obviamente superaron los límites del cauce y se desbordaron inundando el pueblo. Hasta aquí el fenómeno natural. Para comprender cómo se llegó a esta situación creemos importante esclarecer la relación de cada uno de los participantes en su relación con la geografía, o sea el pueblo y el río.

 

El Pueblo


Según el mapa satelital de Google, Bañado de Ovanta se encuentra encajonado en un terreno que podría asimilarse a un plano inclinado de Oeste a Este, hacia los terrenos bajos donde el río vierte sus aguas. Ese declive se extiende hacia la Ruta 157. Sobre la Ruta 64, que lo divide en dos, está la plaza central del pueblo a 475 metros sobre el nivel del mar.

Ese plano inclinado en que el pueblo se asienta tiene como límite el río hacia el Oeste, que en el puente acusa una altura de 478 metros sobre el nivel del mar, o sea 3 metros por encima de la plaza. Hacia el Este el límite de ese plano inclinado termina en un terreno que sube un algunos puntos a 480 metros sobre el nivel del mar. Por detrás del pueblo, hacia Las Tunas, el terreno sigue en subida.

En conclusión, estos datos exponen y revelan una situación geográfica un tanto precaria para esta localidad, al encontrarse un tanto encajonada y a un nivel inferior al terreno que la delimita por ambos costados, especialmente con respecto al río, y por detrás, hacia los cerros. Esto explicaría por qué se inundó una vez que la alcantarilla se taponara y fuera sobrepasada por la corriente de agua.

Esto no debería sorprender, sin embargo. Por algo el pueblo lleva el nombre que tiene, el cual hace honor al lugar en que se encuentra: un bañado o humedal que de vez en cuando recobra su función colectora de agua y el espacio que la mano del hombre le quitara a lo largo de los últimos 400 años. Por eso su tendencia a inundarse. Esta es la realidad goegráfica a la cual se enfrenta Bañado de Ovanta y que no se puede cambiar, a lo sumo mitigar. 

 Es interesante notar que a unos 700 metros del centro del pueblo hacia el Sur, o sea hacia Las Tunas, el terreno y el río empiezan a tener la misma elevación sobre el nivel del mar. Esto sugiere que si nuestros antepasados hubieran fundado el pueblo a esa distancia de donde está ahora, Bañado de Ovanta no se inundaría.

El dato es interesante porque de verificarse esta información sobre el terreno, el pueblo debería buscar su expansión urbana hacia el Sur y el Sureste, que es hacia donde el terreno sube, para no quedar a merced de un río más elevado.

Por el contrario, al lado Norte y Noreste de la ruta, que es hacia donde baja el terreno, debería reservarse a la agricultura y a actuar como amortiguador de crecientes. Esto de dejar terrenos de alivio a las crecientes es de práctica común en los países bajos.   

Este dato también es importante de pensarse en un muro de contención hacia arriba del río.

El río

Hablemos de su configuración sobre el terreno. Como todo río de montaña, tener una idea de su pendiente es importante para estimar los efectos de la velocidad de su caudal. A 1 km del puente esa altura sobre el nivel de la plaza ya es de 5 metros; a 2 km es de 7 metros, a 3 km es de 10 metros, a 4 km es de 14 metros y así sucesivamente, lo que demuestra la existencia de una pendiente elevada y normal para un río serrano. Obviamente, esta pendiente influye directamente en el río aumentando la velocidad del cauce y su efecto, que puede ser importante, como veremos a continuación.

La velocidad del cauce tiene dos impactos importantes en la dinámica de un río. El primero es el de una mayor capacidad de erosión en las márgenes, causa principal de los desbarrancamientos que, a su vez, arrastran la vegetación que crece a ambos lados del cauce. De este proceso destructivo provinieron obviamente los árboles y ramas que taponaron la alcantarilla en la ruta 64, que luego generó la inundación.

 

El segundo efecto se da en la zona de encuentro de caudales a distinta velocidad dentro del río, causados por el cambio de pendiente de éste. Esto se traduce en un aumento del nivel y en una mayor turbulencia. Obviamente, esto puede afectar las márgenes causando derrumbes y, de ser considerable la disparidad de velocidades, hasta desbordar el río. Desconocemos que pasa en este río aguas arriba del puente, tarea que sería interesante llevar a cabo por parte de especialistas a fin de conocer la dinámica del río.

Del puente aguas abajo o quizás un poco antes, el problema es el inverso. Aquí la pendiente del río es menor, lo que disminuye la velocidad del caudal. A 1 km del puente el río todavía está a 1 metro por encima de la plaza, y a 2 km el río ya está 2 metros por debajo de ella, mientras continúa su descenso hacia los terrenos bajos en los cuales vierte su agua; o sea el bañado en sí.

Al bajar la velocidad del caudal el problema ahora es la acumulación de sedimentos. Esta acumulación de material de arrastre, arena, barro, piedras, etc, tiene dos impactos. Al río le quita profundidad, lo cual disminuye su posibilidad de acomodar los caudales que se le presentan. Imagínemos lo que pasa si a esto le agregamos árboles, ramas o animales muertos. No es de descartar que la presencia de estos sedimentos haya contribuido al atoramiento de la  alcantarilla al momento de la inundación del pueblo. Obviamente, remover estos productos arrastrados y depositados por el cauce es primordial.

Con respecto al bañado, que es donde el río expande sus aguas, el aumento de la sedimentación hace que el terreno de descarga vaya perdiendo profundidad con el tiempo. Esto impide al río manejar su caudal. Que el agua haya permanecido en Bañado de Ovanta y no se haya escurrido en forma rápida hacia el bajo, es muy probable que tenga relación con el hecho de que el bañado se encuentre tapado con altos niveles de sedimento. Como decimos más arriba, este terreno baja y se encuentra con la Ruta 157 a varios kilómetros de distancia de Bañado de Ovanta, hacia el Noreste. Considerar la posibilidad de limpiarlo y dragarlo para que recupere en parte su espacio original, quizás no sea una idea descabellada. Los especialistas tienen la palabra.

Otras tareas

Es fundamental la limpieza del río para mantener su capacidad para el manejo de caudales importantes. Como el último desastre lo demostró, el río demanda un monitoreo constante y el mantenimiento de sus márgenes limpio de vegetación. Un río sucio y lleno de ramas de árboles pierde velocidad, lo cual le quita capacidad de drenaje y aumenta el riesgo de inundaciones. Esto es fundamental sobre todo aguas arriba del puente, donde el peligro de los desbarrancamientos es mayor al aumentar la pendiente del terreno.

 

El monitoreo y limpieza de las márgenes del cauce es tarea que puede y debe acometer el municipio, bajo la supervisión de la repartición provincial que tenga a su cargo la supervisión de los ríos. Estas tareas no deberían ser cargadas a la responsabilidad de Vialidad de la Provincia, que ya tiene bastante con el mantenimiento de rutas, caminos y puentes. El municipio, por estar con su personal y recursos al lado del río, es el que está en mejores condiciones de por lo menos inspeccionar periódicamente el cauce y advertir a las autoridades de las anomalías que se observen.

   Se ha hablado en algunos momentos de la construcción de un terraplén de contención de creciente. Advertimos que el tema es más serio de lo que parece. Tal obra es mucho más que un simple bordo de tierra apisonado en la margen del río. El diseño y la construcción del mismo requiere un estudio previo del mismo y de su dinámica, para luego definir los agregados apropiados al tipo de suelo, y que se deben usar en su construcción. Permítaseme recordar que en los EE.UU. la construcción de estas defensas es un tema al que aún la ingeniería no le ha encontrado la solución definitiva. El desastre de Nueva Orleans durante el huracán Katrina ha demostrado que no está dicha la última palabra en el tema. Lo dijo el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU., que diseñó y supervisó el talud de protección en ese lugar y también a lo largo de miles de kilómetros del Río Mississippi.

Un puente nuevo

No deja de sorprender el que un reclamo popular incluya la demanda de construir un puente que reemplace la alcantarilla existente. Según se infiere de las protestas, la idea que alimenta ese reclamo sería la de creer que un puente servirá de protección a una nueva inundación. Sin dudar que el tráfico por la zona sería mejor servido por un puente en vez de una alcantarilla, creemos necesario advertir que el puente no juega ningún papel de prevención frente a una inundación. La foto que sigue de un puente en la localidad de Wimberley, en Texas, que hace pocos días fue arrasada por una inundación ilustra este punto.

 

 

Finalmente, permítasenos reclamar la necesidad de aplicar un enfoque multidisciplinario en el manejo de este problema. Lo que se ha visto hasta ahora parece seguir la lógica de siempre en la administración pública, de hacer lo que se pueda de la mejor manera posible con lo poco que se tiene. Si esta es la dinámica impuesta, el problema se resolverá a medias y a la población no le quedará otro recurso que "cruzar los dedos” y encomendarse a la Providencia. Creemos que nuestros profesionales pueden dar mucho más. Por eso reiteramos que el problema de Bañado de Ovanta reclama un estudio integral, no solamente para saber a qué nos enfrentamos en nuestro intento de manejar un río, sino para saber qué dinámica urbana sugerirle, teniendo en cuenta su comprometida ubicación geográfica. No hacerlo implicará caer en el riesgo de que este  pueblo vuelva a quedar a merced de un río indomable, que parece no olvidar sus derechos naturales a ocupar un espacio que en algún momento se lo robaron.

 

 

 

 

 

 

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar