Poco después de la marcha de la CGT a Plaza de Mayo, el presidente Mauricio Macri pidió ayer la renuncia del superintendente de Servicios de Salud, Luis Scervino, un hombre ligado a la central obrera que se encargaba, entre otras cuestiones, de manejar las obras sociales sindicales.
Scervino había sido designado en el cargo pocos días después de la llegada de Macri a la Presidencia y su nombramiento había sido interpretado como un gesto hacia la CGT, al ubicar a una persona de confianza del secretario general de Obras Sanitarias, José Luis Lingeri, para el manejo de los fondos de las obras sociales gremiales.
De hecho, con Scervino en esa función, el Gobierno de Macri había aplacado el malestar de la central obrera al comenzar a devolver parte de la deuda de los millonarios fondos de las obras sociales, uno de los focos de conflicto que mantuvieron los sindicatos con el gobierno de Cristina Kirchner.
No obstante, la nueva movilización de la CGT contra su gestión hizo que Macri replanteara aquel guiño que había enviado a la central y decidiera remover al titular de la Superintendencia de Servicio de Salud, quien tenía una estrecha relación con Lingeri, uno de los integrantes del sector de los "independientes" que mantiene una postura dialoguista con la Casa Rosada. Se desconoce si la decisión de Macri hará aplacar los movimientos de la CGT o, por el contrario, generará mayor confrontación de la central obrera contra su Gobierno.