En todos los casos las pericias permitirán completar el conjunto de indicios con que cuenta la Fiscalía para determinar si Nismam se quitó la vida, como sugirió la autopsia realizada por el Cuerpo Médico Forense que depende de la Corte Suprema de Justicia, o fue asesinado.
La pericia madre, realizada horas después del hallazgo del cuerpo, concluyó que no había habido otra persona en el lugar del hecho, basándose en la posición en que fue hallado el cuerpo, así como en la ausencia de todo signo de violencia.
En línea con esos indicios, el ADN encontrado en el arma, cargador, bala y ropas que usaba Nisman sólo correspondió a su perfil genético.
Para los expertos de la Corte, el orificio del proyectil reveló que el arma prestada por el informático Diego Lagomarsino estaba casi apoyada sobre el cuero cabelludo y que el cuerpo tenía un rigor cadavérico característico de los que se autoinfligen un tiro, con el dedo rígido tras apretar el gatillo.
El estudio toxicológico se realizó sobre muestras de sangre, mientras que el anátomo-patológico se hace sobre el, llamado en la jerga judicial, "pool" de vísceras –hígado, corazón, pulmones y otros–, cuyos tejidos son analizados según protocolos definidos que buscan metales y venenos.
Los peritos de la querella participaron el viernes pasado de una nueva inspección ocular en el departamento del fiscal, pedida por la jueza y ex mujer de Nisman, Sandra Arroyo Salgado, al término de la cual dijeron haber levantado nuevas pruebas.
Hasta ahora el dato más firme contrario a los indicios de un suicidio es el resultado negativo en dos barridos electrónicos sobre los tejidos de las manos de Nisman, donde no se encontraron restos de la deflagración.
En tanto, una contraprueba en marcha buscará determinar si esa ausencia es propia de la vieja pistola Bersa modelo 62 de calibre 22 largo, de la que salió la bala hallada en el cráneo del fiscal especial de la causa AMIA.