El 4 de agosto de 1976, el entonces obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, murió en medio de un hecho presentado como un "accidente de tránsito" y que ahora, a 38 años del episodio, se esclareció como un "homicidio" y sólo permitió condenar a dos de los cincos acusados.
Se trata de los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Estrella, ya que los otros tres imputados en la causa, Jorge Harguindeuy, Jorge Rafael Videla y Juan Carlos Romero fallecieron, por lo cual se les declaró la extinción de la acción penal.
Angelelli conducía su camioneta de regreso desde Chamical, adonde había asistido a una misa de homenaje a dos curas y un catequista asesinados, y a la altura de Punta de los Llanos, sobre la ruta 38, el vehículo volcó.
El sacerdote Arturo Pinto, quien acompañaba a Angelelli en el viaje, quedó inconsciente por el golpe, y luego relató que el vehículo fue cruzado por otros dos automóviles hasta que lograron hacerlo volcar.
Según las investigaciones realizadas por la policía local, en esos primeros meses de la dictadura militar, el prelado murió "en forma instantánea" producto de los golpes del choque, mientras que Pinto quedó herido.
Sin embargo, el cuerpo de Angelelli fue encontrado en medio de la ruta, a más de 20 metros de la camioneta, colocado boca arriba y con un fuerte golpe en la nuca, que le habría producido la muerte.
Angelelli se dirigía ese día de El Chamical a La Rioja para ver a un enviado del Episcopado y con varias carpetas donde reunía pruebas de los asesinatos de los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville y de un laico muy cercano a él, Wenceslao Pedernera, a manos de las bandas paramilitares de la época.
Estos asesinatos ocurrieron quince días antes de su propia muerte y Angelelli, según testigos, supo que además era un anuncio que el "próximo era él".
En su momento, la Justicia cerró rápidamente la causa y declaró que fue "un accidente", mientras diez años después, en 1986, ya en democracia, una nueva investigación a cargo del juez Aldo Morales sentenció que fue un asesinato "fríamente premeditado y esperado por la víctima".El "pelado" Angelelli, como lo conocían sus amigos, representó en la década del 70 al sector de la Iglesia tercermundista, identificado con el evangelio popular y la lucha por los más humildes y por una más justa distribución de la riqueza.