En un giro en su política educativa, Suecia decidió avanzar hacia un modelo basado nuevamente en libros, papel y escritura manual, dejando atrás el uso intensivo de dispositivos digitales en las aulas. La medida surge como respuesta a la caída en los niveles de comprensión lectora y habilidades matemáticas detectadas en las últimas evaluaciones internacionales, en particular en las pruebas PISA, elaboradas por la OCDE.
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Suecia dio marcha atrás con la digitalización y vuelve al uso de libros y papel en las aulas
El Gobierno busca mejorar la comprensión lectora y el rendimiento escolar tras la caída en las pruebas PISA.
El país nórdico, reconocido por su fuerte desarrollo tecnológico y por ser cuna de empresas como Spotify, decidió reorientar su sistema educativo en sentido contrario a la digitalización impulsada desde fines de los años 2000. En ese marco, se puso fin al uso obligatorio de tablets en escuelas infantiles, política que había sido implementada en 2019.
Desde el Gobierno, que está en manos de una coalición de derecha desde 2022, sostienen que las clases sin pantallas generan mejores condiciones de aprendizaje, especialmente en las primeras etapas educativas. El objetivo es recuperar la capacidad de concentración de los alumnos y fortalecer habilidades básicas como la lectura y la escritura.
El nuevo enfoque se sintetiza en el lema “De la pantalla a la carpeta”. Según explicó Joar Forsell, portavoz de educación del Partido Liberal, “leer libros reales y escribir en papel real es mucho mejor si se quiere que los niños adquieran el conocimiento necesario”.
Como parte de esta transformación, desde 2025 las escuelas infantiles ya no están obligadas a utilizar herramientas digitales, se eliminó la entrega de tablets a menores de dos años y se avanzará con la prohibición total del uso de teléfonos móviles en los establecimientos, incluso con fines pedagógicos.
Para sostener esta transición, el Estado destinó más de 200 millones de dólares a la compra de libros de texto y materiales didácticos. Además, se prevé la implementación de una nueva currícula escolar, orientada al aprendizaje tradicional, que entrará en vigencia en 2028.
El cambio también busca revertir los resultados adversos en el ranking de PISA, donde Suecia registró caídas significativas en 2012 y 2022. Actualmente, cerca de una cuarta parte de los estudiantes de 15 y 16 años no alcanza el nivel básico de comprensión lectora, lo que encendió alarmas en el sistema educativo.
Desde el oficialismo sostienen que existe una correlación entre el uso intensivo de pantallas y el bajo rendimiento escolar, y consideran que el regreso a métodos tradicionales puede ser clave para revertir esta tendencia.