El ejecutivo español destituyó ayer al presidente catalán Carles Puigdemont y a todo su gobierno y convocó a elecciones regionales para diciembre, después de que el parlamento de Cataluña proclamara una república independiente, decisión rechazada por la comunidad internacional.
En una breve alocución, el jefe del gobierno conservador, Mariano Rajoy, anunció el "cese del presidente de la Generalitat (gobierno catalán), del vicepresidente y del resto de miembros del gobierno", cuyas funciones serán asumidas por los ministerios equivalentes.
También anunció la disolución del parlamento catalán y la convocatoria de elecciones para el próximo 21 de diciembre.
"Creemos que es urgente devolver la voz a los ciudadanos catalanes, a todos", afirmó.
Horas antes había obtenido el permiso del Senado para aplicar el artículo 155 de la Constitución, que le extiende poderes para intervenir la autonomía de una región con tal de preservar la unidad del país.
Los independentistas que dirigen Cataluña culminaron ayer el largo pulso entre Madrid y Barcelona con la proclamación en el parlamento regional de una República, recibida con júbilo por miles de manifestantes en la capital catalana y otras partes de la región.
"Constituimos la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social", afirma la resolución aprobada con 70 votos a favor sobre 135 de la cámara.
La largamente esperada secesión de Cataluña
Tras la independencia catalana, en Madrid las autoridades se movieron con celeridad para responder a este desafío desde uno de los motores del país, que posee el 16% de la población y cerca del 20% del PIB español.
La fiscalía general española anunció una querella contra Puigdemont por presunta rebelión, pasible con hasta 30 años de prisión, y Rajoy reunió rápidamente a su gobierno una vez obtenida la autorización del Senado.
Además de la destitución del gobierno y las elecciones, su ejecutivo también decretó cerrar la red de embajadas abiertas por el gobierno regional para promover su causa y destituir al director de la policía regional, los Mossos dEsquadra, que cuenta con unos 16.000 agentes.
"No se trata de suspender la autonomía, sino de devolverla a la ley y a la concordia", dijo Rajoy.
Pero la aplicación del 155 no está exenta de dificultades, porque implica gestionar a más de 200.000 funcionarios regionales y municipales en Cataluña.
Desde los partidos y las asociaciones independentistas, llaman a resistir pacíficamente y proteger la frágil república, apoyada también por centenares de ayuntamientos en la región.
"Vienen horas en que a todos nos va a tocar mantener el pulso de este país", con "calma y dignidad" declaró Puigdemont ante los diputados, alcaldes y público congregados en el Parlamento. La actitud del independentismo catalán ha sido hasta ahora mayoritariamente pacífica durante sus grandes movilizaciones.
El sueño de una República es añejo en la región. La última vez que Cataluña, una región con lengua propia y fuerte identidad, proclamó la independencia fue en octubre de 1934, cuando el entonces presidente Lluís Companys anunció una "República catalana" dentro de una "República federal española", que se saldó con un fracaso.
Pero Cataluña, como el País Vasco, recuperó sus instituciones de autogobierno con la vuelta de la democracia a España.