Según Sinan Ulgen, profesor del Carnegie Europe, en Turquía, éste no fue un golpe de todo el ejército como en casos previos, sino de un pequeño grupo. "Estaba fuera de la cadena de mando, era un grupo relativamente pequeño" en el ejército que sin embargo logró secuestrar al jefe del Estado Mayor.
"No fue una operación diseñada por (todo) el ejército y se vio. Sin el apoyo completo del ejército, no tenían ni capital ni capacidades", considera. Erdemir apunta que la era de los golpes consumados -como los ocurridos en 1960, 1971 y 1980- ha terminado, y que la opinión pública es hostil a esta perspectiva. Esta vez, el país mostró mayor solidaridad, e incluso los tres partidos de la oposición condenaron la intentona golpista en el parlamento. "Cuando la gente se dio cuenta de que los golpistas no tenían el apoyo del ejército, vieron que era más fácil estar en contra".
Miles de manifestantes exigieron ayer ante el Parlamento de Ankara que se reinstaure la pena de muerte en Turquía -que fuera abolida en 2004-, tras el sangriento intento de golpe de estado.
Según la televisión CNNTUrk, los manifestantes gritaban eslóganes como "queremos ejecuciones, la pena de muerte. Dinos que peguemos y vamos a pegar, dinos que matemos y vamos a matar", fue otro de los lema dirigido aparentemente al presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan. Mientras, la oficina turca de Amnistía Internacional advirtió sobre el riesgo de una reintroducción de la pena de muerte el país.