El Senado brasileño avanzaba anoche para suspender a la presidenta Dilma Rousseff a fin de someterla a un juicio político, bajando el telón a más de 13 años de gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores.
Hasta anoche al cierre de nuestra edición, en una agitada sesión, unos 35 diputados habían votado en forma positiva para avanzar en el juicio político y todo hacía prever que era inminente la aprobación de la medida que dejaría a Rousseff fuera del poder.
Tras meses de crisis política que tienen en vilo al gigante sudamericano, el plenario de la Cámara alta debatía en una maratónica sesión si la Presidenta debe ser juzgada por cometer un "crimen de responsabilidad" al utilizar préstamos de bancos estatales para tapar agujeros del presupuesto durante su campaña a la reelección.
Los conteos previos mostraban que había votos más que suficientes para apartar del poder a Rousseff por hasta 180 días, mientras dura el proceso. Para ello se requería una mayoría simple de los presentes, en un pleno que cuenta con 81 senadores.
El temor del gobierno se plasmaba anoche en la votación y se estimaba que los opositores lograran 54 senadores o más -dos tercios del pleno- apoyen el impeachment, para destituir a la presidenta de manera definitiva.
Una vez suspendida, Rousseff, la ex guerrillera izquierdista de 68 años que en 2011 asumió como la primera presidenta mujer de Brasil, será reemplazada de manera automática por su vicepresidente Michel Temer, de 75 años, su ex aliado del partido de centroderecha PMDB devenido en enemigo.
Ayer se conoció que Rousseff retiraba libros y otros objetos personales de su despacho en la Presidencia, donde el clima era tenso.
La prensa brasileña informó que la mandataria grabó un video que será difundido a la población inmediatamente tras su suspensión.
La maniobra de último minuto del gobierno para frenar el impeachment fue infructuosa: la el Supremo Tribunal Federal rechazó el recurso para anular el proceso.