El 3 de octubre de 2012 salió a comprar una caja de tampones de la marca Kotex Natural Balance en una tienda Ralph’s de Santa Monica, California, donde reside. Ese día, recuerda la joven, se cambió los tampones tres veces. En la noche ya se sentía con un malestar impreciso pero aun así fue a una fiesta; le costaba trabajo mantenerse en pie. Sus amigos le dijeron que lucía muy mal. Agotada, sospechando quizás que había contraído algún virus, Wasser se fue a su casa, donde la despertaron los golpes de la policía en su puerta y los ladridos de su cocker spaniel.
Su madre, quien había salido de una cirugía reciente, había llamado a los agentes al no tener noticias de ella. "No había sido capaz de sacar mi perro, así que había orine y heces por todas partes", recordó Wasser en declaraciones a la publicación Vice.
Había perdido la noción de cuánto tiempo estuvo en la cama, y no podía recordar si era de día o de noche. El policía le dijo que llamara a su madre y se fue. Así lo hizo la joven, y aunque la señora le preguntó si necesitaba atención médica, Wasser no se encontraba en condiciones de tomar una decisión: volvió a echarse a dormir.
Bocabajo en su habitación la halló la policía y una amiga, horas después. Fue conducida al servicio de emergencia, donde determinaron que había sufrido un ataque cardiaco, sus órganos no estaban funcionando, y estaba a unos 10 minutos de morir.
Desconcertados, los médicos no hallaban la causa de su estado, hasta que un especialista en enfermedades infecciosas preguntó si tenía insertado un tampón.
Esta es una enfermedad relativamente nueva, identificada por primera vez en 1978. Consiste en una complicación de infecciones bacterianas, que con frecuencia involucra al temido estafilococo aúreo. No sólo afecta a las mujeres, pero se ha establecido un vínculo entre el TSS y el uso de tampones.Y un tampón por sí solo no es suficiente para causar el TSS; la persona afectada debe tener la bacteria en su cuerpo para que se produzca. Alrededor del 20 por ciento de la población general la porta.Las fibras sintéticas, junto con la absorbencia del tampón, crean un ambiente ideal para que las bacterias se reproduzcan. Cuando Proctor & Gamble debutó un tampón extraabsorbente llamado Rely en los años 80 aumentaron las muertes por TSS, recordó Vice.Actualmente sólo una de cada por cada 100,000 personas sufre el TSS.Pero el costo para Wasser –ese número 1 en 100,000- fue elevadísimo. Tuvieron que inducirle el coma y los médicos le indicaron a la madre que debía comenzar a despedirse de ella. La infección, aunque cedió finalmente, le desarrolló una gangrena que condujo a la amputación de su pierna derecha, justo debajo de la rodilla.Wasser recuerda que al volver a su casa "quería matarme. Yo era esa chica y de pronto no tengo una pierna, estoy en silla de ruedas, no puedo ir al baño”. Su carrera como modelo estaba acabada en ese momento. Sólo el amor por su hermano de 14 años le daba fuerzas. "No quería que llegara a la casa, me hallara [muerta] y supiera que me di por vencida", recuerda.