En una tradición que inauguró en sus épocas de arzobispo porteño, el papa Francisco salió esta tarde del Vaticano para cerrar el Jueves Santo con el lavado de pies a doce presos, imitando el gesto de Jesús con sus discípulos en la Última Cena.
Más temprano, Francisco encabezó la misa Crismal, dedicada al sacerdocio. En la Basílica de San Pedro, el pontífice habló del "cansancio" de los sacerdotes, y admitió que a él también lo afecta, y criticó a los "pastores con cara de vinagre, quejosos o aburridos".