La guerra en Siria entró ayer en su quinto año con un balance humanitario dramático, un régimen cada vez más aferrado al poder y una comunidad internacional preocupada ante todo por las atrocidades del grupo yihadista Estado Islámico (EI).
Las oenegés internacionales condenaron el "fracaso" de los gobiernos de todo el mundo para encontrar una solución a la guerra, que según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) le ha costado la vida a más de 215.000 personas, haciendo un cálculo conservador.
Además, la contienda ha obligado a la mitad de la población siria a abandonar sus hogares.
La imagen de las manifestaciones pacíficas iniciadas el 15 de marzo de 2011 desapareció hace mucho tiempo.
La revuelta popular contra el régimen se militarizó frente a la represión gubernamental hasta convertirse en una guerra civil compleja, en la que se enfrentan tropas leales al régimen, varios grupos rebeldes, fuerzas kurdas y organizaciones yihadistas.
La diplomacia se encuentra en punto muerto, tras dos series de negociaciones en vano entre régimen y oposición. Dos enviados especiales tiraron la toalla y un tercero intentó hacer aplicar sin éxito una suspensión de los combates en Alepo.
Peligroso giro
La incapacidad de la comunidad internacional para poner fin al derramamiento de sangre alimenta el sentimiento de amargura y abandono de los sirios, quienes atraviesan, según Naciones Unidas, "la situación más importante de emergencia humanitaria de nuestra era".
Casi cuatro millones de personas han huido de Siria. Entre ellas, un millón buscó refugio en el vecino Líbano.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtió del "peligroso giro" que toma la crisis, ya que dos millones de sirios menores de 18 años podrían convertirse "en una generación perdida".
En el interior del país, más de siete millones de sirios abandonaron sus hogares y cerca del 60% de la población vive en la pobreza.
Los combates destrozaron las infraestructuras y, con ello, generaron una gran escasez de electricidad, agua y alimentos, especialmente en las zonas sitiadas por el ejército.
Las oenegés de defensa de los derechos humanos investigaron las atrocidades cometidas por el régimen sirio de Bashar al Asad.
Más de 13.000 sirios murieron torturados en las cárceles desde el inicio del levantamiento popular y otras decenas de miles continúan todavía en las prisiones gubernamentales, aunque muchos de ellos figuran como desaparecidos.
Según el OSDH, entre los 215.518 muertos que contabilizó, hay más de 66.000 civiles, de los cuales 10.800 niños.
Paz
Desde mediados de 2014, Estados Unidos dirige una coalición internacional contra el EI en Irak y en Siria, donde los yihadistas proclamaron un califato en los territorios bajo su control. Los bombardeos aéreos permitieron a las fuerzas kurdas expulsar a los yihadistas de algunas regiones en el norte de Siria, si bien el EI mantiene su fuerza, como demuestran los videos difundidos de decapitaciones de civiles, periodistas y cooperantes. El grupo extremista sunita atrae a miles de combatientes extranjeros, entre ellos muchos occidentales, lo que aumenta el temor de posibles ataques yihadistas tras regresar a sus países de origen.