Cuando en París, el 11 de diciembre pasado se llegó finalmente a un acuerdo para fijar un límite al aumento admisible de temperatura en el planeta de no más de 1,5 grados centígrados en los próximos 15 años, antes de entrar en una zona gris para la vida humana, el mundo respiró aliviado. Ese día 195 países firmaron un acuerdo para reducir sus emisiones en los próximos 10 a 15 años, causa principal del persistente aumento que se viene registrando desde 1880.
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De Paris a Catamarca a bordo del cambio climático
La resolución firmada también acordó un sistema de monitoreo estandarizado para todos y la obligación de informar cada 5 años sobre sus progresos en el control y reducción en la emisión de gases contaminantes. También obliga a los países más ricos a brindar ayuda a los más débiles para adaptarse al cambio climático y a adoptar tecnologías alternativas –unos 100.000 millones de dólares por año- a cambio de que no sean sujetos a juicios de indemnización por lo que han hecho históricamente en relación al aumento del calentamiento global.
Antes de seguir adelante conviene aclarar que cuando se habla de un aumento de temperatura global se refiere a la temperatura media a nivel planeta, no la temperatura diaria y ocasional de una ciudad o región. En segundo lugar, el aumento del que se habla es con respecto a una de referencia, la de 1880, en la era pre industrial.
Aclaremos también que el sobrecalentamiento del planeta es producido por el dióxido de carbono, el cual se acumula y distribuye en las zonas altas de la atmósfera creando una especie de capa aislante que atrapa el calor y no lo deja escapar. Ese gas contaminante forma parte del humo que usted ve por el caño de escape de un automóvil, del ómnibus, de la moto, aunque la mayor parte proviene de la quema de los combustibles fósiles para generar energía (carbón, gas natural y petróleo) y de la deforestación, especialmente en los trópicos.
Los efectos del cambio climático por efecto del aumento de la temperatura, que se vienen manifestando desde la segunda mitad del siglo XIX son varios. Según la Asociation of Concerned Scientists, una organización creada en 1969 en el Instituto de Tecnología de Massachusets, esos efectos comprenden:
§ Un aumento del nivel del mar, lo cual afectará las zonas costeras en todo el planeta, inundándolas. Sobre este tema las opiniones son variadas y hasta encontradas. Se habla de 1 a 6 metros de aumento de nivel hacia el 2100. También se sabe que por efectos de la gravedad ese aumento va a ser desparejo en el planeta, con los países en el trópico como los más afectados. Por lo pronto ya se comprobó que el Golfo de México, por ejemplo, ha aumentado 20 cm su nivel desde 1880. Uno de los efectos ocultos del aumento del nivel del mar es la destrucción de los acuíferos de agua potable por contaminación subterránea con sal proveniente del agua de mar.
§ Una mayor frecuencia de olas de calor ahora que hace 60 años. En los EE.UU., cada uno de los últimos 38 años ha registrado una temperatura superior a la temperatura promedio del siglo XX. Los 12 años más calientes desde que se tienen datos han ocurrido desde 1998. 2014 ha sido el año más caliente de todos. Se anticipa que el 2016 batirá todos los records.
§ Un mayor impacto en la salud de la población. El aumento de la temperatura global incrementará la polución del aire y extenderá la duración de los periodos de alergia, favoreciendo de paso el desarrollo de enfermedades producidas por insectos. Muchas de las muertes por ACV reconocen como causa principal las olas de calor.
§ Un aumento de los eventos climáticos extremos, tales como las olas de calor, las inundaciones, las tormentas intensas y las sequías extremas. Se ha probado que un aumento de la temperatura incrementa la duración de las sequías.
§ Un aumento de la necesidad de recurrir a perforaciones para tener agua. El cambio climático asociado al calentamiento ha exacerbado las sequías, las cuales han obligado a extraer más y más agua de las napas más profundas. Esto ya se ha experimentado en California en los últimos 4 años debido a la sequía del siglo, que ha obligado a racionar el agua en casi todo ese estado.
§ Una alteración de las estaciones. La primavera llega más temprano o el verano se extiende sobre el invierno y viceversa
§ Un derretimiento del hielo en los polos y de los glaciares a una velocidad mayor que el acumulamiento de nieve.
§ Una alteración de la cadena productiva de alimentos con el consiguiente aumento de costos y precios. El cambio del clima también afectará a las plantas y animales silvestres al alterarse su hábitat y su cadena alimenticia.
Si se toma como referencia la lista de eventos señalados por el mundo científico, es evidente que el fenómeno ya ha mostrado sus tentáculos en nuestra provincia y el país. No somos una excepción a los problemas discutidos en París. Los calores inusuales, las temperaturas veraniegas en invierno o el frío que persiste aun en diciembre; las tormentas inusuales como las de 2013 con sus consecuencias en El Rodeo o Bañado de Ovanta o las inundaciones del siglo en la Pcia de Bs. As. y los tornados como cosa ya no rara en la zona pampeana son ejemplos de que algo está cambiando.
De particular interés es reflexionar cómo afectará el aumento del nivel del mar a la zona costera de nuestro país. Se advierte que entre los lugares más afectados a nivel mundial serán los deltas, y nuestro país tiene el del Paraná. Esto sin contar que gran parte del gran Bs. As. especialmente hacia el sur y partes de la misma Capital Federal son parte de zonas bajas y están casi a nivel del mar. Ni hablar de las famosas playas de Mar del Plata.
Dificultades
Tres problemas dificultan la comprensión de la amenaza climática, lo que se refleja en no hacer nada y esperar para actuar después del desastre. El primero es el no comprender que estamos ante un proceso atmosférico en constante progreso; un presente continuo que puede o no tener una manifestación inusitada e inesperada, como puede ser una inundación.
El segundo tiene que ver con el hecho de que se entiende mal cuando se habla de crisis a largo plazo: 2030, 2100, cuando ya nuestra generación sea parte del recuerdo. Hay que entender que cualquiera de los efectos enumerados más arriba puede darse en cualquier momento, sin previo aviso, tal como ocurrió en El Rodeo. Creer que no nos va a tocar un desastre la semana que viene no tiene asidero, y hacer algo por la gente que heredará en el siglo XXI nuestros desastres y también nuestro ADN es una responsabilidad moral y ética.
El tercero es que estamos programados culturalmente para reaccionar ante eventos mayores y no para reconocer los procesos silenciosos que pueden alterar nuestra vida, como puede ser, a modo de ejemplo, el efecto de una temperatura más alta a largo plazo en los rendimientos de un determinado tipo de cultivo.
Ni hablar de los estudios de los efectos de la deforestación a largo plazo, lo cual tiene un impacto terrible en el suelo, la gente y la fauna. Estas cosas pasan en silencio y generalmente no convocan nuestra reacción.
La conferencia y su crítica
Como lo señalamos más arriba, el logro más importante ha sido el haber coincidido en definir un límite al aumento de temperatura a nivel global de aquí al futuro: 1,5 grados centígrados. Ese límite, que parece muy prometedor, tiene sus problemas sin embargo. Por un lado representa un progreso en comparación a la conferencia anterior en Copenhaguen hace 6 años, donde se hablaba de 2 grados como límite, pero por el otro no es obligatorio. Es una sugerencia, un "tratar de”.
Las razones de ello son políticas, sobre todo para EE. UU., el principal contaminador junto a China, y sin cuya colaboración la conferencia hubiera sido un completo fracaso. Si hubiera sido obligatorio el presidente Obama habría quedado legalmente a merced del veto de sus opositores republicanos en el congreso, quienes lo hubieran rechazado de plano. Con la salvedad de que es una sugerencia, EE.UU. salvó la conferencia y sus fines.
Los 1,5 grados también tienen otro problema. Según la Unidad de Investigación Climática de la East Anglia University en Inglaterra, entre 1850 y el año 2000, un siglo y medio, la tierra ya experimentó un aumento en su temperatura media de 0,8 grados centígrados. Hoy, en 2015, sin embargo, ya estamos a 1 grado por encima de aquél de 1850 y, según la Oficina Meteorológica del Reino Unido, en 2016 habremos llegado a 1,14 grados por encima de la de referencia, por lo que solamente quedan 0,36 grados para jugar en los próximos 15 años y no pasarse de los 1,5 grados, algo que nadie cree que se puedan cumplir.
Aquí no terminan las dificultades del límite establecido. Según la publicación Geophysical Research Letters, el océano viene aumentando 0,13 grados por década entre 1979 y 1999, lo cual obviamente contribuirá a pasarse de los 1,5 grados. La razón, entre otras (volcanes, etc), es el hecho de que al ir desapareciendo el hielo de Groenlandia y los polos se reduce el reflejo de los rayos solares, los cuales pasan a ser absorbidos por el agua de los océanos, aumentando así su temperatura.
Por lo tanto, dado que nos encontramos ante una dinámica planetaria en plena evolución, sobre lo cual no hay todavía un modelo exacto, es muy difícil ser optimistas y sumarse a la idea de que esto pueda cambiar para mejor, aún en décadas. Va a ser como querer parar un tren de carga a plena velocidad en cien metros. Prepararse para ello es lo mínimo que podemos hacer.
Con una visión más realista ante la situación, los expertos creen que al final se llegará a 2,7 grados centígrados o más, antes de mediados del presente siglo. ¿Qué puede pasar entonces? No se sabe con certeza, aunque sí se sabe algo que atemoriza: por arriba de los 2 grados de aumento se llega a lo que se denomina un "trigger point”, una especie de gatillo climático que en caso de dispararse implicará el derretimiento de todo el hielo de Groenlandia y la Antártida, lo cual llevará al mar a aumentar su altura en unos 5-6 metros. Así de simple. Como lo señalamos anteriormente, las opiniones sobre la magnitud de ese aumento de altura son muy variadas.
Uno de los críticos de las limitaciones del acuerdo es James Hansen, un científico retirado de la NASA, profesor en Columbia University, inventor de la frase "efecto invernadero” y considerado como el "padre” de la idea de desarrollar una conciencia global acerca del peligro del cambio climático allá por 1988 (venía estudiando el tema desde 1970) cuando la presentó ante un comité del congreso de EE. UU. Hansen calificó a la conferencia de Paris como un fraude que solamente ofrece promesas y no una acción concreta para frenar las causas del fenómeno.
Hansen sostiene que, dado que ya se está derritiendo la capa de hielo de Groenlandia, plantearse un límite de no pasarse de 2 grados en las próximas décadas, es una irresponsabilidad científica porque representa una licencia para seguir contribuyendo al aumento de temperatura en vez de pararlo. Sostiene que si no se hace hoy mismo algo para detener el proceso, el mar va a aumentar su nivel por arriba de los 5 metros y ciudades como Londres, Nueva York, Miami y Shangai lo van a pagar caro hacia el fin del siglo XXI.
Hansen, transformado a sus 74 años en un activista climático, dice que mientras haya combustibles fósiles baratos, la cosa no va a cambiar; que mientras no se imponga un costo concreto en dinero al uso de esos combustibles todo va a seguir igual. Cree que un cargo de 15 dólares por tonelada de carbón liberado a la atmósfera haría el milagro de parar las emisiones, ya que a su propio país, EE.UU., le costaría unos 600.000 millones de dólares por año. Obviamente, esa posibilidad no existe por el momento.
Algunas promesas ejemplificadoras
Más allá de fijar un límite al aumento de temperatura, la conferencia de París ha demostrado que por fin hay una alarma sonando a nivel planetario ante un peligro que ya no puede esconderse. Por ello, unos 180 países acercaron sus planes y promesas para evitar una catástrofe. Cada 5 años se revisará lo que hizo cada uno. Muchos se comprometieron a tener un sistema que absorba los gases que producen, o sea un balance cero. Se advirtió que esto no debe pasar del año 2070 para evitar una catástrofe.
Entre los que más prometieron estuvo India, que anunció la creación de una alianza solar, en colaboración con Francia, de 120 países para frenar el proceso de calentamiento mediante el uso de energía alternativa, en este caso solar. El Primer Ministro Modi anunció que abastecerá 40% de su país con energía solar para 2030 y que para el 2022 tendrá instalados 175 Gigavatios de energía alternativa. Si consideramos que Catamarca demanda unos 160 Megavatios de potencia, lo que se propone India es abastecer con energía solar a 1.093 ciudades como la nuestra.
Catamarca: Por dónde empezar
¿Cómo trasladar estas conclusiones a Catamarca?
Dividamos las áreas de acción posible en tres: la gubernamental, la comunitaria y la educativa. A la privada, comercial e industrial, las dejamos de lado en esta etapa porque suponemos que están en funcionamiento los controles medioambientales normales que el Estado ejerce sobre ellas. Sin embargo, sería bueno que consideraran su contribución para ayudar a la comunidad a neutralizar los efectos del cambio climático.
1. Area gubernamental
Nuevas obras. Dado que la mayor actividad promovida desde el Estado es la obra pública, la cual por su importancia puede afectar directamente a la población, se hace imprescindible actualizar las hipótesis bajo las cuales se proyecta, calcula y/o planifica cualquier obra pública a las condiciones derivadas del cambio climático. Concretamente y para dar un ejemplo, esto quiere decir que en Catamarca ya no se debería proyectar una obra que va a interactuar con las condiciones derivadas del cambio climático tomando como hipótesis los parámetros ambientales tradicionales. Hoy ya no son los 600 mm de lluvias al año, caídos de a poco con 120 mm de lluvia a lo mejor en enero y a lo largo de un mes. Con el cambio climático pueden caer 200 mm en 48 horas sin previo aviso. Esta es ahora la hipótesis en este rubro.
La nueva situación imaginada convoca especialmente a los expertos en clima, geología e hidrología como mínimo. Ellos, por su especialidad, están en condiciones de definir esas posibles situaciones que luego los ingenieros deberán tener en cuenta en sus cálculos.
Sus opiniones y evaluaciones deben ser vinculantes. Esto debería abarcar a los proyectos de puentes, carreteras, líneas de energía, hospitales, escuelas, plantas de agua potable y otras obras básicas como son la construcción de barrios. Creo que como ejemplo a evitar se puede mencionar la ciudad satélite, una obra que, de acuerdo a la opinión de un geólogo local publicada en este medio, no resiste el menor análisis dada la vulnerabilidad de su ubicación.
Obras existentes. En relación a la infraestructura existente la necesidad es otra. Aquí corresponde analizar o reevaluar el comportamiento posible de las obras en servicio ante los nuevos parámetros climáticos. En particular y dada su ubicación y altura respecto a Valle Viejo y la capital provincial es de particular importancia reevaluar el posible comportamiento del dique Pirquitas en caso de una tormenta extraordinaria en su cuenca. Es recomendable que el gobierno cree un área que se dedique a estudiar y hacer esas evaluaciones, para no dejarse sorprender por algún desastre en el futuro.
Lo agrario. En el plano productivo agrario, es necesario establecer el alcance que pueda tener sobre la agricultura un cambio en el clima. Como lo dijimos antes, esta tarea supera las posibilidades económicas, técnicas y científicas que puede tener un agricultor. Sería ridículo pedirle a un plantador de pimiento en Santa María, de uva en Fiambalá o de tabaco en Alijilán que determine el rendimiento de sus plantaciones ante la eventualidad de un aumento de 3 grados en la temperatura media.
En casos como éste se hace necesaria la colaboración entre el gobierno y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCa, por ejemplo, porque solamente estos entes tienen la posibilidad de investigar los alcances de ese efecto a largo plazo. Es imprescindible que el productor sepa que le depara el futuro a él, sus hijos y sus nietos, para no tener que verlos mendigando un puesto en el Estado para poder sobrevivir.
Remediar la deforestación. La irresponsabilidad en la mayor parte de Latinoamérica ante este flagelo repugna y hasta es suicida. Ejemplo: San Pablo en Brasil, una ciudad con unos 20 millones de habitantes, está pagando con creces el haber deforestado sus cerros. La sequía que ello ha provocado ha obligado a racionar el agua en esta ciudad. Los vecinos en los departamentos elevados se pelean por el agua. Hasta el uso del baño se ha visto afectado. Hay gente que hasta compra agua embotellada para llenar sus inodoros.
El problema general en el plano social es que no se comprende el papel y la importancia del árbol y el bosque natural en la naturaleza. En primer lugar hay que entender que un árbol es una máquina biológica que almacena dióxido de carbón mientras está en pie y crece. Al cortarlo el proceso desaparece, lo que se traduce en un aumento de los gases de invernadero enviados a la atmósfera, causa del sobrecalentamiento del planeta.
Segundo. La ciencia dice que un bosque absorbe más energía solar que el pastizal y libera vapor generando una corriente de aire hacia arriba, creando de paso un espacio fresco. Ese vapor ascendente es el que crea la nube. El proceso se llama "bombeo biótico”. Por eso nos colocamos a la sombra de un árbol cuando hace calor. Si el árbol se corta, ese proceso termina y de a poco crea las condiciones para llegar a una sequía.
Los expertos dicen que un árbol crecido del tipo de los que hay en la Amazonia libera unos 1.000 litros de vapor a la atmósfera por día. Esa selva genera y libera unas 20.000 millones de toneladas de vapor por día. A ese vapor se lo lleva el viento y hace que Bolivia, Perú, Brasil y nosotros mismos por el Paraná, el Pilcomayo y el Bermejo tengamos agua. San Pablo, para hacer lugar a su expansión demográfica e inmobiliaria, deforestó su entorno. Hoy lo está pagando.
En nuestro entorno, el arrasamiento salvaje de la flora silvestre para acomodar nuevos barrios más la otra en el campo para acomodar la producción de cultivos de oportunidad como la soja, revelan un déficit en la comprensión de cómo actúa el árbol y la flora silvestre en el equilibrio climático. Se pasa por alto que la ganancia que ello puede aportar es neutralizada por los gastos que luego hay que hacer a nivel de gobierno para compensar sus efectos sobre la salud. ¿O no es así cuando el zonda hace irrespirable y casi invisible la ciudad, al no haber flora nativa que mitigue la velocidad del viento?
Se hace desesperadamente urgente implementar una política forestal que permita restaurar el bosque nativo a sus niveles históricos, porque ello disminuirá nuestro aporte de dióxido de carbono a la atmósfera y disminuirá las posibilidades de caer en una sequía.
2. Lo comunitario
Es necesario comprender dos cosas. Primero, que los gobiernos tienen sus propias limitaciones como para implementar políticas medio ambientales para salvar al planeta. Segundo, que la comunidad puede hacerlo mejor, suponiendo que exista una buena voluntad y honestidad personal frente al problema que el clima nos está creando.
Voluntariado. Los vecinos, especialmente los jóvenes, pueden organizarse en clubes o fraternidades para tomar bajo su cuidado áreas específicas de su barrio para limpiarlas y plantarles árboles. Esto es común en los países desarrollados del norte, donde grupos de voluntarios toman a su cargo baldíos y calles para limpiarlos, jardinizarlos y plantarles árboles. ¿Por qué no en nuestros países sin recursos gubernamentales y más sometidos al abuso?
Organizaciones no gubernamentales. Crear este nivel de organización social se hace necesario para acometer tareas mayores. Hemos escuchado que de los algarrobales que cubrían el Salar de Pipanaco en los años 80 no queda mucho o nada por razones irresponsables que superan este artículo. Volverlo a su estado nativo es una obra de envergadura que demanda ese nivel de organización. Limpiar el Río del Valle de malezas y basura y cuidarlo puede ser otra. En la ciudad de Filadelfia una vez por año, en primavera, una ONG convoca a toda la población a limpiar los bordes del río que atraviesa la ciudad. Miles de personas convergen en sus márgenes con bolsas provistas por la ONG y la municipalidad para hacerlo. ¿Por qué no hacer lo mismo en Catamarca?
3. Lo educativo
Es inconcebible imaginar que las universidades se puedan mantener al margen de este problema universal. ¿Quién mejor que ellas para entender y aconsejar científicamente en este tema? ¿Puede alguien estar en mejores condiciones que la Facultad de Ciencias Agrarias para estudiar los efectos a largo plazo del aumento de temperatura en los cultivos de Catamarca? ¿O qué hacer para enfrentar la situación a nivel del agricultor? Así con las otras áreas que por su especialidad pueden aportar su experiencia en las situaciones que se pueden plantear.
Dados los conflictos de jurisdicción que se pueden plantear para actuar en conjunto, es necesaria la colaboración directa a través de acuerdos oficiales entre la UNCa y el gobierno provincial.
Respecto a los niveles secundarios y aun primarios de la educación, se hace necesario concientizar a los niños y adolescentes sobre el problema que acabamos de tratar y, a través de ellos, informar y educar a los padres sobre este nuevo paradigma.
Cuanto más gente esté consciente del cambio climático y sus consecuencias, mejor se va a poder enfrentar una crisis derivada de un desastre natural derivado de la nueva situación climática.
De usted y la comunidad depende.