Y todo, de letra y puño de María, quedó escrito allí. Su enfermedad, su historia, la de su familia. El amor por su hijo, los deseos de una vida feliz, los consejos, la alegría de compartir esos pequeños momentos cotidianos y la tristeza, también, de no estar "físicamente" para verlo crecer.
-¿Te sorprendió tanta repercusión casi de manera inmediata?
-Nadie se lo esperaba. Ni la gente de Planeta. Para la editorial, me consta, fue una jugada audaz, un gusto, un lujo así "de culto". Y a Marie y a mí nos hacía ilusión por el nene. ¡Imaginate cuando alguna mina se le resista y le regale un libro!, decíamos. De eso se trataba: que pueda decir mi mamá se me murió, pero ¡miren lo que me dejó! Eso era el cuaderno, y como libro se potencia mucho más. Con que se editara era suficiente, quedaba cumplido. Pero este fenómeno masivo estaba fuera de todo cálculo.
-El libro es un legado a Nippur y sus seres más queridos, ¿Por qué creés que muchos pueden identificarse con el texto?
Bueno, lo tengo que creer a la fuerza, es un hecho. Me parece que la historia tan poderosa que lo precede atrae, convoca, pero si fuera eso solo no pasaría todo esto que pasa. Al abrir el libro y recorrerlo sucede algo más, algo profundo. Sacude a todo el mundo. Y yo no soy quién para explicar eso. No escribí el libro ni tampoco soy precisamente un lector imparcial. Es al revés: necesitamos que los demás nos expliquen a nosotros por qué también les llega al alma. Con las amigas de Marie abrimos una cuenta en Facebook del libro para eso, para que nos cuenten. La respuesta es increíble.
-María se había hecho conocida en Twitter al contar la historia de su enfermedad y su forma de encarar el tema, sin dramatismo, incluso con humor. Eso se refleja también en las páginas del libro. ¿Quería que así la recordaran?
Nunca le importó eso. Los que la conocíamos sabíamos que ella no pensaba en su imagen pública ni en la posteridad. Lo único que hizo fue mantenerse fiel a su estilo de toda la vida, hasta el final. Lo que sí la torturaba, de ahí el cuaderno, era la necesidad de que Nippur la conozca, la entienda, y sienta por siempre el tremendo amor que le tenía. No, perdón, que le tiene. Eso no muere nunca.
-¿Leíste ya algunas páginas con Nippur o aún no es el momento?
-Es muy chiquito. El cuaderno iba a quedar guardado hasta que supiera leer. Ahora sabe (no sé cuánto entiende) que hay un libro escrito por la mamá para él, pero todavía es medio destrozón y me da infarto ponérselo en las manos aunque no sea el original. De a poco le iré mostrando. Es para toda la vida, no hay ningún apuro.
-¿Podrías elegir un sólo párrafo?
-Qué mala suerte enfermarse así. Extraño salir a pasear con vos y pasar media hora con cada cosa. A veces salimos sin rumbo (...) Extraño esto más que nada. Ojalá pueda volver a hacerlo pero, si no puedo, quiero que sepas que fueron los momentos más felices de mi vida. Y te amo.