"El cerebro cuenta con un sistema que pareciera predisponernos a sociabilizar en nuestros ratos libres", señaló Matthew Lieberman, profesor de psicología y psiquiatría de la UCLA y autor de la investigación. Además agregó que la naturaleza social del cerebro humano está basada en la propia biología.
En cambio, mientras los participantes estuvieron expuestos a otro tipo de actividades más complejas (por ejemplo, frente a un grupo de imágenes que representaban ecuaciones matemáticas), no se vislumbró esa misma coincidencia.
Así, las redes sociales, y especialmente Facebook, van de la mano de aquellos momentos de esparcimiento en que el cerebro tiende a querer descubrir la emoción ajena. Al desconectarse de la propia actividad -ya sea porque se encuentra en reposo o bien porque tiene la necesidad de descansar-, busca espacios de sociabilización. Y allí están las redes para calmar ese deseo.