Benedicto XVI: "Los derechos de los inmigrantes se deben respetar"
El inmigrante es un ser humano, diferente por cultura y tradiciones pero igualmente respetable, dijo el Papa durante el Angelus de este domingo en plaza San Pedro del Vaticano. Ayer se registraron ataques, por tercer día consecutivo, contra inmigrantes africanos en la localidad de Rosarno, en Calabria, donde 67 personas resultaron heridas.
(Télam) El Pontífice agregó que la violencia no debe ser jamás para nadie el modo de resolver las dificultades.
El problema es ante todo humano. Invito a mirar el rostro del otro y a descubrir que tiene un alma, una historia y una vida: es una persona y Dios lo ama como ama mí mismo, informó la agencia Ansa.
Ayer se registraron ataques, por tercer día consecutivo, contra inmigrantes africanos en la localidad de Rosarno, en Calabria, en el sur de Italia. Sesenta y siete personas, entre inmigrantes africanos, policías y vecinos, resultaron heridas en los tres días de disturbios, dijeron fuentes locales.
Rosarno está situada en la Piana di Gioia Tauro, donde cerca de 1.500 inmigrantes, la mayoría indocumentados y procedentes de África, trabajan en los campos hasta 15 horas diarias a cambio de un paga jornalera escasa.
Es necesario recomenzar de4sde el corazón del problema, dijo hoy el Papa al comentar los hechos de Rosarno.
Es necesario recomenzar desde el significado de la persona. Un inmigrante es un ser humano, diferente por proveniencia, cultura y tradiciones, pero es una persona a respetar y con derechos y deberes, en especial en el ámbito del trabajo, donde es más fácil la tentación a la explotación, pero también en el ámbito de las condiciones concretas de vida, afirmó.
Antes del Angelus, Benedicto XVI sostuvo hoy que la fraternidad no se puede establecer mediante una ideología, menos aún por decreto de cualquier poder constituido.
Se nos reconoce hermanos a partir de la humilde pero profunda conciencia del ser hijos del único Padre celestial, dijo el pontífice alemán.
Ratzinger destacó que, como cristianos, gracias al Espíritu Santo recibido en el bautismo, tenemos el don y el compromiso de vivir como hijos de Dios y como hermanos, para ser fermento de una humanidad nueva, solidaria y rica en paz y esperanza.