La mujer que ofrece ese suave abrazo es considerada una gurú. Su ternura y su mensaje sencillo han impulsado a vastas multitudes en diferentes partes del mundo. Parte del encanto de Mata Amritanandamayi o Amma, como es conocida a nivel internacional, son enseñanzas que, dice, transcienden toda fe.
Amritapuri, India (AP) - Millones de personas llegan a esta población, desde todas partes del mundo, y vuelven a partir sin haber comprado recuerdos ni visitado hoteles lujosos, pero se llevan algo que perdura en sus memorias: un abrazo.
Mi mensaje no es único, dice ella a través de un intérprete. Existe un solo mensaje capaz de purificar al ser humano, a la naturaleza, a la atmósfera, a la tierra en que vivimos y que vive por sí misma: Ese mensaje es actuar con compasión y amar a todos los seres humanos.
Sin embargo, las multitudes que acuden a ver a Amma no lo hacen por su elocuencia o por su dogma o por sus escritos, sino por su abrazo. Por lo tanto, hacen fila y aguardan en sesiones maratónicas de abrazos que pueden prolongarse durante 20 horas o más.
Los ayudantes de la gurú dicen que ella duerme muy poco, a veces apenas una hora durante la noche, pero ella muestra su disposición a dar el mismo cálido abrazo tanto al primero como al último de sus visitantes.
Aquí, en las márgenes exuberantes del Mar de Arabia, cerca del extremo sur de la India, donde abundan las palmeras y los árboles de cajú, Amma ha construido la capital de los abrazos. Su ashram o centro espiritual, es un laberinto de edificios a los que se llega por lancha o cruzando un puente sobre un río.
Finalmente, los visitantes encuentran un auditorio al aire libre donde un grupo de hombres tocan música y cantan. Hay filas de sillas de plástico repletas de personas que aguardan su turno para subir a una rampa, en la parte derecha del escenario. Cuando finalmente logran llegar, ingresan a un espacio tan repleto de personas que es difícil moverse.