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Evo, en huelga de hambre

El debate en el Congreso lleva ya dos días y promete extenderse al menos hasta hoy. En respaldo a esa medida, se instalaron otros piquetes en distintos distritos.
10 de abril de 2009 - 00:00
LA PAZ - El presidente de Bolivia, Evo Morales, inició ayer una huelga de hambre para presionar a la oposición y reclamar al Congreso Nacional que apruebe un nuevo código electoral, vital para las elecciones generales del 6 de diciembre. Por la mañana, en el salón rojo del Palacio Quemado, Morales instaló el primer piquete de ayuno voluntario, escoltado por un dirigente campesino y otro gremial, en la reedición de una medida que registra un solo antecedente, en 1984, cuando Hernán Siles Suazo la usó para enfrentar reclamos de aumento salariales.

En conferencia de prensa, Morales explicó que apeló a la medida para defender la democracia de Bolivia, que consideró en peligro por la demora del Congreso en aprobar el código electoral con el que el país debe ir a los comicios de diciembre, en cumplimiento de lo dispuesto por la Constitución Nacional. Apelamos a la conciencia de los parlamentarios; apelamos a esta medida para defender la democracia, afirmó Morales, que cuestionó la negligencia de un grupo de parlamentarios neoliberales.

El código propuesto por el oficialismo incluye el voto de los bolivianos residentes en el exterior y las circunscripciones especiales para 36 pueblos indígenas.

Hagamos juntos historia, retó Morales a los opositores, que mantienen negociaciones con el oficialismo mientras el debate en el Congreso lleva ya dos días y promete extenderse al menos hasta hoy.

Junto a Morales, en el Palacio Quemado ayunaban el titular de la Coordinadora Nacional para el Cambio (Conalcam), Fidel Surco, y los referentes de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Isaac Ávalos; de la Central Obrera Boliviana (COB), Pedro Montes; y de la Central Obrera Regional de El Alto (COR), Edgar Patana.

En respaldo a esa medida, se instalaron ayer otros piquetes de huelga de hambre en El Alto, Santa Cruz, Tarija y Cochabamba, donde la protesta era cumplida por el prefecto Jorge Ledezma, su secretario general, David Herrada, y el ex representante presidencial Marco Carrillo.

Paralelamente, una comisión legislativa con representantes de todas las bancadas buscaba avanzar en un proyecto consensuado, hasta ayer a la tarde trabado por la pretensión opositora de que se elabore un nuevo padrón, un paso que parece imposible en los meses que restan a diciembre.

Algunas versiones, recogidas por las agencias de noticias ANSA y DPA, especulaban con una renuncia masiva de los legisladores del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS) para provocar el cierre del Congreso, de modo que Morales pueda imponer por decreto el código y el llamado a las urnas.

Con su huelga de hambre, Morales se convirtió en el segundo presidente de Bolivia en ejercicio que apela a una medida de estas características. Siles Zuazo lo hizo en 1984, agobiado por una inflación de cuatro dígitos y constantes demandas de aumento salarial de los mineros.

Las primeras críticas a la protesta, varias en tono de burla, partieron de los ex mandatarios Jorge Quiroga, para quien la medida es una dieta, y Carlos Mesa, que consideraron que la presión al Congreso pone en duda la limpieza de las elecciones de diciembre.

El senador Walter Guiteras (Podemos), en tanto, consideró que las organizaciones sociales y el presidente Morales están sometiendo al parlamento a un chantaje con esa huelga de hambre, y el secretario de Autonomías de Santa Cruz, Carlos Dabdoub, juzgó que el mandatario está un poco gordo, y su ropa de 1.500 dólares ya no le queda.

Desde donde sí recibió respaldo Morales fue desde la ONU.
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