JERUSALÉN- Los candidatos al cargo de primer ministro realizaban el lunes sus últimos esfuerzos para ganar el voto de los indecisos en las disputadísimas elecciones legislativas del martes en Israel, en las que se prevé la irrupción de un partido ultranacionalista.
Las últimas encuestas publicadas antes de las elecciones del martes mostraban que el partido Kadima (centro, en el poder) tenía pocos escaños de diferencia con el Likud (derecha, oposición).
El número de indecisos se acercaba al 20% --la tasa más elevada en la historia de Israel, según los sondeos-- y los líderes del Kadima y del Likud se esforzaban por atraerlos.
La victoria está a nuestro alcance, declaró a la radio pública la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, la jefa del Kadima, cuyo objetivo es convertirse en la segunda mujer jefa del gobierno israelí tras Golda Meir.
Si el Kadima obtiene tan sólo un mandato más que el Likud, podremos formar una coalición gubernamental porque somos un partido centrista que puede reunir a la derecha y a la izquierda, afirmó.
En el complejo mundo de la política israelí, la persona encargada por el presidente de la tarea de formar una coalición no es forzosamente la que obtuvo más votos, sino la que tiene
mayores probabilidades de reunir 61 bancas en el parlamento