16 de agosto de 2008 - 00:00
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Un caso trágico reaviva el debate sobre la eutanasia en Francia
Un joven enfermo pidió la muerte asistida y tras el rechazo de Sarkozy se suicidó y dejó un mensaje grabado.
Hace nueve años, la mujer había intentado poner fin al calvario de su hijo, pero se arrepintió a último momento. Por ese gesto, fue acusada y juzgada por tentativa de asesinato y finalmente absuelta.
Esos antecedentes podrían pesar ahora en su contra ya que, por orden de la justicia, la gendarmería comenzó a interrogar a los allegados del joven suicida, en busca de indicios sobre las circunstancias de su muerte, mientras se esperan los resultados de la autopsia en los próximos días.
Rémy es de los numerosos europeos que prefieren morir a padecer profundos sufrimientos morales o físicos. En un continente cada vez más secularizado, esa actitud aparece con gran frecuencia.
Aquellos que pueden desplazarse, viajan a Holanda o Bélgica, donde la legislación autoriza la eutanasia. Las farmacias belgas venden kits de eutanasia, pero sólo pueden comprarlos los médicos una vez que deciden ayudar a sus enfermos a morir a domicilio.
Ambos países fueron los primeros en adoptar la ley en 2002, y pronto los imitará Luxemburgo, donde el proyecto ya ha recibido media sanción del Parlamento.
Otros países, como Francia, Suiza, Noruega, Dinamarca, Alemania, España, Suecia, Hungría, Gran Bretaña o Italia, prohíben la eutanasia, pero han aceptado ciertas formas de ayudar a morir (ver aparte).
Como ocurre en todos los debates que atañen a toda la sociedad, en cada uno de esos países hay quienes se oponen enérgicamente a esas medidas.
Un presidente, no Dios
No se puede alentar a aquellos que quieren morir, advirtió esta semana el arzobispo de Lyon, cardenal Philippe Barbarin. Sería un verdadero desastre para la sociedad. Siempre es necesario luchar por la vida, insistió.
El primado de las Galias rindió homenaje a la posición tradicional de los presidentes franceses porque tanto Nicolas Sarkozy [en el caso de Rémy] como Jacques Chirac antes que él han dicho: «Un presidente de la República no puede decirle a alguien: te autorizo a morir». Un presidente es un presidente, no es Dios, señaló el arzobispo.
En 2003, Jacques Chirac había rechazado un pedido similar de Vincent Humbert, un joven tetrapléjico que finalmente fue ayudado a morir por su madre y su médico.
En su respuesta a Rémy, Nicolas Sarkozy explicó que por razones filosóficas personales, creía que no le correspondía y que no tenía derecho de interrumpir voluntariamente la vida. El presidente agregó cuáles son, para él, las prioridades en ese terreno.
Quisiera que fuera privilegiado el diálogo del enfermo con su médico y su familia, todo lo humanamente posible, a fin de que pueda encontrarse la solución más adaptada a cada situación, escribió.
Esa frase hace alusión a su proyecto de intensificación de los tratamientos paliativos en Francia. En junio pasado, Sarkozy develó un plan que duplica los fondos públicos destinados a ese tipo de tratamientos. Antes de 2012, Francia invertirá unos 230 millones de euros en la creación de unidades especiales en los hospitales.
En Francia, las personas mayores de 75 años se suicidan seis veces más que los jóvenes de menos de 24 años. Según una reciente encuesta, nueve de cada diez franceses están a favor de alguna forma de eutanasia, particularmente en fase terminal de una enfermedad o en estado de dependencia incompatible con la dignidad humana.
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