4 de febrero de 2008 - 00:00
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La lluvia no pudo con la noche más mágica de Río de Janeiro
El color y la música a ritmo de samba no cesaron ni un momento a lo largo de las más de ocho horas en que las seis escuelas recorrieron los 700 metros de la Avenida Marqués de Sapucaí en la primera noche de desfiles.
A muchos se les veía perdidos cuando intentaban entonar la canción que acompañaba a su escuela, todo lo contrario que Salgueiro, que fue la que más levantó al público de sus asientos, gracias a su canción con un ritmo pegadizo.
Uno de los más felices esta noche era Paulo, de la vieja guardia (personal con más experiencia y los que toman decisiones) de Portela, quien, a sus 72 años, sigue desfilando cada año con la misma ilusión con la que empezó, cuando tenía tan sólo 11 años. Desde entonces, no se ha perdido ni un Carnaval.
"He vivido de todo en el Carnaval, pero para mí es amor, alegría, diversión, y no se puede comparar con ninguna otra cosa", comentaba divertido e ilusionado minutos antes de salir a la pista.
Otra persona que no quiere faltar a la cita con Portela es Claisy, una modelo Playboy de 28 años que desfila en una de las carrozas de la escuela.
"Vivo en Miami desde hace 3 años y desde entonces vengo expresamente sólo para el carnaval. Es la mayor fiesta que hay", comenta subida en su carroza, mientras su hermana Lucía, de 20 años, la contempla desde la acera, dispuesta a ayudarla ante cualquier percance que pueda surgir durante el desfile.
Portela ha elegido este año como tema "la recreación de la vida", por lo que la mayoría de sus disfraces y carrozas hacían referencia a la vida animal o humana. El hecho de tener que llevar ciertos disfraces concordes con el tema de cada escuela no siempre va a gusto de los participantes.
“Estoy realizando un sueño”
"Disfruto mucho con el carnaval, pero este año tengo que llevar los pies de pingüino, porque vamos disfrazados de pingüino, y pesan mucho y me impiden moverme con facilidad", explica resignado Fabricio, de tan sólo 11 años.
"Estoy realizando un sueño", dice Alexandra, quien a sus 33 años, desfila por primera vez en el Sambódromo. Procedente de Brasilia, llegó el sábado para preparar el desfile con Mangueira, después de haber pagado 500 reales (unos 200 euros) por el traje.
El desfile fue clausurado por Viradouro, una escuela innovadora que generó la polémica antes del Carnaval por un carro alegórico relacionado con el Holocausto, retirado mediante una acción judicial a instancias de la comunidad judía y sustituido con otro contra la censura.
Viradouro llevó al desfile una pista de esquí, algo arriesgado en un clima tropical, y colocó iglús como falda a sus mujeres "bahianas", quienes sufrieron por el peso que el aguacero agregaba a sus trajes.
Los desfiles, para los que cada escuela tiene entre 65 y 80 minutos, continuarán en la noche del lunes y madrugada del martes, con Mocidade, Unidos da Tijuca, Imperatriz, Vila Isabel, Grande Río y Beija-Flor.
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