El general Pervez Musharraf traspasó su cargo de jefe del ejército de Pakistán, en una ceremonia celebrada este miércoles en Rawalpindi, cerca de Islamabad, la capital.
El gobernante, que el jueves deberá asumir como presidente civil, renunció a la jefatura del ejército tras aumentar las presiones nacionales e internacionales para que abandonara las fuerzas armadas.
Musharraf entregó el bastón de mando al general Ashfaq Pervez Kiyani, en los cuarteles centrales del ejército.
Durante su despedida, Musharraf afirmó que el ejército es su "vida" y que estaba orgulloso de haber sido el comandante de esta "gran fuerza".
Musharraf llegó al poder en 1999, tras un golpe de estado contra el gobierno del primer ministro Nawaz Sharif, quien ahora está en el exilio.
Vestido con el uniforme, Musharraf llegó a la ceremonia con el bastón de mando bajo su brazo izquierdo, y fue recibido por el general Kiyani. A continuación inspeccionó a la guardia de honor.
Una banda militar tocó los acordes del himno nacional pakistaní y la ceremonia se inició con el recital de unos versos del Corán.
La ceremonia se retransmitió en directo por la televisión nacional paquistaní.
"Me despido del ejército tras haber llevado el uniforme durante 46 años", dijo Musharraf durante su discurso de despedida.
"Este ejército es mi vida. Lo amo y mi relación con él continuará, pese a que no llevaré el uniforme", afirmó el mandatario pakistaní.
"Soy afortunado de haber dirigido al mejor ejército del mundo. Este ejército es una fuerza integradora, el garante de Pakistán. Sin este ejercito Pakistán no podría existir como entidad".
El general Musharraf expresó su convicción en la habilidad de su sucesor para dirigir las fuerzas armadas.
El presidente pakistaní designó a Kiyani, antiguo jefe de los servicios de inteligencia, en octubre.
Estados Unidos, el principal aliado de Musharraf, fue el que ejerció más presión para que abandonase la jefatura militar.
En los últimos meses, Washington mostró su preocupación por la inhabilidad del ejército para luchar contra los militantes pro Talibán y por la creciente impopularidad del general Musharraf.
El mandatario impuso el estado de excepción el 3 de noviembre, una medida que recibió la condena de amplios sectores de Pakistán y del ámbito internacional.
El general adujo indisciplina del poder judicial y aumento de la amenaza de los militantes islamistas para imponer la medida
Pese a que el 8 de enero se celebrarán elecciones generales en Pakistán, Musharraf todavía debe anunciar el fin del estado de excepción.