Islamabad.- La policía paquistaní detuvo ayer al legendario astro del cricket y máxima estrella deportiva del país, Imran Khan, y lo acusó de terrorismo, luego de reaparecer de la clandestinidad y de sumarse a una protesta estudiantil contra el estado de sitio, vigente hace once días.
La detención del deportista devenido líder opositor -que es para Pakistán más o menos lo que Diego Maradona es para Argentina- ocurrió mientras los otros grandes referentes de la oposición paquistaní iniciaron contactos para forjar un frente común contra el presidente del país, el general Pervez Musharraf.
Un día antes de culminar su mandato, de la disolución del Parlamento y de tener que nombrar a un gobierno de transición hasta las elecciones legislativas de enero, Musharraf se defendió de los cuestionamientos de la comunidad internacional por su decisión de decretar el estado de sitio y dijo no ser un dictador.
"No soy un dictador, quiero la democracia. Renunciaré el día que ya no domine la agitación en Pakistán", dijo a la cadena británica Sender Sky News el general, que llegó al poder con un golpe de Estado en 1999 y cuya reciente decisión de suspender la Constitución generó severas críticas internas y externas.
En la entrevista, el presidente y militar reiteró que espera pasar a retiro este mes y comenzar su tercer mandato como civil, luego de que la nueva Corte Suprema designada por él la semana pasada apruebe -como se espera- la validez de su amplio triunfo en elecciones presidenciales celebradas el 6 de octubre último.