BRASILIA- El día siguiente a la primera vuelta electoral mostró a los dos candidatos a la presidencia de Brasil con actitudes claramente opuestas e inesperadas hasta hace pocas horas: una implícita autocrítica del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y una arrolladora confianza del socialdemócrata Geraldo Alckmin.
Mientras tanto, la prensa opinó que Brasil quedó "dividido" tras los comicios en los que Lula obtuvo 48,61 por ciento de los votos contra 41,64 por ciento de Alckmin, porque el Partido de los Trabajadores (PT) del presidente prevaleció en el norte y el nordeste del país, y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de su competidor se impuso en el sur, el sudeste y el centro-oeste, además de que el oficialismo quedará en minoría en ambas cámaras legislativas.
Esa situación de equilibrio -que los analistas políticos interpretaron como el retorno del bipartidismo- se reflejó en los sondeos publicados por las dos principales encuestadoras privadas, que pronostican el triunfo de Lula pero por escaso margen (Ibope, 52 a 48 por ciento y Datafolha, 49 a 44 por ciento).
A la dificultad para pronosticar el resultado del balotaje -que se realizará el domingo 29 de este mes- se suma la incertidumbre sobre la actitud que adoptarán quienes votaron el domingo a la socialista Heloísa Helena, quien obtuvo 6,85 por ciento de los sufragios y anunció ayer que no apoyará ni a Lula ni a Alckmin, pero no quiso afirmar si promoverá el voto nulo, como sí lo hizo otro dirigente de su partido.
Lula, que por segunda vez en casi cuatro años de mandato ofreció una conferencia de prensa, pidió a Dios "vivir hasta el día en que sepa" quién tuvo la idea y dio la orden para que miembros de su partido intentaran comprar información destinada a desacreditar a candidatos opositores.
Esa maniobra, descubierta menos de dos semanas antes de los comicios, restó adhesiones al mandatario, a quien hasta entonces todas las encuestas auguraban que obtendría la reelección en la primera vuelta electoral.
En la rueda de prensa, además, Lula admitió que su decisión de no asistir a los debates preelectorales con sus competidores le quitó votos: "Si tuviera una bola de cristal para saber qué me va a pasar en el futuro, tal vez hubiera ido" a esas confrontaciones, dijo.
En tanto, Alckmin, que permaneció en silencio gran parte del día luego de haber expresado un agradecimiento más o menos formal a primera hora, afirmó anoche que Lula "ya perdió la posibilidad de gobernar a Brasil".
"Lula tuvo su chance y creo que la dejó pasar; en la segunda vuelta lo que pesa mucho es el rechazo, y el rechazo hacia mí es menor que el que provoca Lula", dijo Alckmin, quien en marzo pasado dejó la gobernación del poderoso estado San Pablo para dedicarse de lleno a la campaña electoral.
En Argentina
El Gobierno argentino recibió con cierta inquietud el triunfo incompleto de Luiz Inácio Da Silva en las elecciones brasileñas, aunque confía en que finalmente el actual jefe de Estado siga al frente de la primera economía regional.
El resultado, además, sentó un precedente importante de cara a las elecciones del año próximo en la Argentina, teniendo en cuenta que Lula llevaba una ventaja considerable, como parece preservar Néstor Kirchner, y ahora deberá afrontar un balotaje.
Voceros oficiales señalaron que la segunda vuelta electoral en el país vecino era un escenario posible tras los escándalos de corrupción que minaron la imagen del presidente brasileño, quien actualmente es el mayor aliado regional de Kirchner.