jueves 17 de septiembre de 2026
Opinión

Semana del Estudiante, festejar sí, poner en riesgo la vida, no

Por Rodrigo Morabito

Se viene una semana de festejos, encuentros, viajes, fiestas y celebraciones estudiantiles. Y hay algo que tenemos que decir con absoluta claridad; divertirse no está prohibido. Poner en riesgo la vida y la integridad de nuestros adolescentes, sí.

La Ley Provincial 5.191 es contundente.

En Catamarca está prohibida la venta y el consumo de bebidas alcohólicas a menores de 18 años, en cualquier local, establecimiento o lugar, a cualquier hora y bajo cualquier modalidad. Pero hay algo todavía más importante; el alcohol tampoco puede consumirse en la vía pública, plazas, paseos, vehículos ni en el interior de estadios u otros lugares donde se desarrollen eventos educativos, culturales o artísticos, ni dentro de los 300 metros de esos lugares. Y la prohibición rige sin límite de horario ni de edad. Por eso, durante esta semana, la responsabilidad no es solamente de quien consume.

La ley alcanza también a quienes organizan, administran, explotan o están a cargo de los lugares donde se desarrollan estos eventos. La norma establece expresamente que propietarios, gerentes, encargados, concesionarios y responsables de eventos deben garantizar su cumplimiento y denunciar inmediatamente las transgresiones. Y si se detecta a un adolescente en estado de ebriedad o intoxicación, no corresponde mirar hacia otro lado.

La ley establece como procedimiento de resguardo hacer cesar la situación de riesgo, preservar su integridad física y psíquica, comunicar inmediatamente a sus responsables, dar intervención al Ministerio Pupilar y disponer su traslado a un centro hospitalario para evaluar su estado. Además, deben iniciarse actuaciones para determinar si otra persona facilitó, provocó o incitó el consumo y, si de ello surge un posible delito, debe intervenir el Fiscal de Instrucción.

Esto último es fundamental. Si un adolescente termina intoxicado, la respuesta no puede ser simplemente “que se le pase”. Hay que protegerlo. Hay que asistirlo. Hay que determinar qué ocurrió. Y, si alguien le suministró alcohol, lo incitó, lo provocó o facilitó su consumo, hay que investigar las responsabilidades que correspondan.

La propia ley establece además que conocer una transgresión genera para cualquier persona la carga pública de denunciarla ante la autoridad competente. Por eso, un mensaje para todos.

A LOS ADOLESCENTES. Festejen, disfruten, compartan, bailen, ríanse. Pero cuídense entre ustedes. Si alguien está mal, no lo abandonen.

A LAS FAMILIAS. Acompañar también es poner límites. No alcanza con decir “que se divierta”. Hay que saber dónde está, con quién está y cómo vuelve.

A QUIENES ORGANIZAN FIESTAS Y EVENTOS. La organización de una celebración trae responsabilidades concretas. La ley no desaparece porque sea una fiesta de estudiantes.

A LOS COMERCIANTES Y RESPONSABLES DE LOCALES. Vender o suministrar alcohol a quien no corresponde no es una cuestión menor. La norma establece prohibiciones y responsabilidades concretas.

Y A TODA LA COMUNIDAD. Si vemos una situación de riesgo, no miremos para otro lado. Porque detrás de una botella, de una fiesta o de una noche de festejos hay algo mucho más importante; hay adolescentes. Y cuando hablamos de adolescentes, hablamos de personas que el Estado, las familias y la comunidad tenemos el deber de proteger.

La Ley 5.191 no habla solamente de prohibiciones. También habla de prevención, contención, salud, responsabilidad y libertad responsable. Su Programa Provincial tiene precisamente entre sus objetivos generar condiciones de contención para que esa libertad pueda ejercerse responsablemente.

Entonces, que nadie confunda las cosas; festejar no es el problema.

El problema es naturalizar que para festejar haya que emborracharse. El problema es que un adolescente termine inconsciente y alguien diga “es parte de la fiesta”. El problema es que se venda alcohol a quien la ley protege expresamente. El problema es que un organizador se desentienda de lo que ocurre dentro de su evento. El problema es que un adulto facilite aquello que después puede terminar en una ambulancia, un hospital o, en el peor de los casos, en una tragedia.

Esta semana tenemos una responsabilidad colectiva.

Que los festejos sean recuerdos. No expedientes. Que haya alegría. No intoxicaciones. Que haya encuentros. No tragedias. Festejar sí. Cuidar también. Mirar para otro lado, nunca.

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