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Mariné Ríos, docente rural

"Mis alumnos han sido mis mejores maestros"

A 10 años del decreto de creación en Catamarca de escuelas secundarias rurales, que cambiaron la vida de muchos niños y adolescentes del interior profundo, una docente rural comparte con El Ancasti sus mágicas vivencias.

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13 de mayo de 2022 - 08:37

“Mis alumnos han sido, para mí, mis mejores maestros”, dice Mariné Ríos, docente rural. La voz se le quiebra y se humedecen sus ojos. La paradoja se explica a partir de la emoción y se razona explorando recuerdos de otros tiempos, pero que siguen alborotando el alma: alumnos que enseñan y docentes que aprenden en el acto educativo. Chicas, chicos, adolescentes que en la soledad de los paisajes más recónditos de la provincia son capaces de dar un testimonio de vida que alecciona y, finalmente, fructifica.

Mariné, profesora de Lengua, es una de las tantas docentes que han trajinado y trajinan los parajes del territorio provincial. Su testimonio, que aquí rescatamos para homenajear al maestro rural, podría ser el de tantas y tantos. Representa a un sector de trabajadores que, en condiciones francamente desfavorables, lleva en el portafolio imaginario de su vocación la palabra que se comparte, no importa el momento ni el lugar, entre cuatro paredes o bajo el cielo inmenso de la puna catamarqueña. “Con mis alumnos nos íbamos a pastorear y leíamos en el campo, en un cerro que se llama La Costa, mientras hacíamos fuego y pastoreábamos los animales. Las ovejas y las cabras no eran tantas, pero sí los sueños, los míos y los de los chicos”, cuenta, recordando sus días como maestra en la Escuela 476 de Antinaco, en el distrito Fiambalá, departamento Tinogasta.

Un regalo que le cambió la vida

“Soy hija de Margarita Yapura y de Fermín Ríos. He crecido en un pueblo rural llamado Las Barrancas, distante a 35 km de la ciudad de Belén. Siempre me ha gustado la docencia, y cuando iba a 5° grado, descubrí que podía ser profesora de Lengua. Me lo enseñó una maestra que, con pocas palabras, me cambió la vida. Desde entonces he buscado la forma de llegar a ser lo que he querido siempre. Sin dudas que, como a mucha gente, no me ha sido fácil, ha implicado un gran desafío en mí y el factor económico siempre ha sido una constante en nuestras carencias, pero mis padres me han enseñado siempre a trabajar y luchar por lo que quiero. Entonces he buscado siempre ser profesora de Lengua. Mi mamá y mi papá se separaron cuando yo tenía 10 años y nos vinimos a vivir a la ciudad de Belén. En esos días le escribí un poema a mi maestra, porque no tenía dinero para un regalo, y ella me dijo que podía ser una muy buena profesora de Lengua. Entonces entendí que eso existía y empecé a trabajar para ello. La única escuela que tenía orientación bachiller era el Colegio Virgen de Belén, pero es un colegio privado y no teníamos recursos, así que me fui a la Escuela de Comercio, pero cuando salí estudié para profesora de Lengua”.

“Me veía en mis alumnos porque eran un poco yo, en mi ayer”

“Las circunstancias de la vida me han llevado a Fiambalá, siendo estudiante avanzada, en segundo año de la carrera. Allí me radico en el año 2001 y seguí estudiando. En el año 2003 empiezo a trabajar como estudiante avanzada, al cuarto año me recibo y sigo trabajando ahí. En el 2005 opto el cargo como profesora itinerante, que me ha llevado por diferentes pueblos del norte de Fiambalá y he trabajado en diez escuelas, específicamente en Saujil , Medanitos (Los Nacimientos, La Soledad, La Banda), en Puerta de Tatón, Punta del Agua, Chuquisaca, Mesada de Zárate, La Ciénaga y Antinaco. Allí estuve desde el año 2005 hasta el año 2012, ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí. Todos los días me encontraba con una realidad diferente, pero me sentía muy feliz y muy orgullosa de estar en esos lugares. A veces lo único colorido que veía era la bandera que flameaba en el cielo, y me emocionada y me desafiaba, y de pronto me veía en mis alumnos porque eran un poco yo, en mi ayer. Entonces siempre he tratado de darles lo mejor de mí”.

“Cualquier trabajo es digno cuando uno lo hace con amor”

“Siempre ha sido mi objetivo ser la mejor docente para ellos y esforzarme. Por supuesto que no todos los días son buenos, pero cuando uno quiere así, cualquier día pueda serlo. He disfrutado mucho con mis chicos, mis alumnos han sido para mí mis mejores maestros y tengo muchos recuerdos que atesoro de aquel tiempo, porque ha sido un tiempo significativo para mí. Era lindo verme en ellos, y quería hacerlos sentir que era importante lo que hacían y que los valoraba, y que cualquier trabajo es digno cuando uno lo hace con amor, con sacrificio, con entrega”.

Diez años de un hito

Se cumplen diez años de la creación, mediante decreto provincial, de 34 Escuelas Secundarias Rurales de Catamarca (hoy son casi 70), un hito en la historia educativa en la provincia. En esta década, la medida le permitió a miles de chicas y chicos del interior profundo catamarqueño avanzar en la trayectoria educativa sin tener que viajar a localidades o ciudades lejanas, inaccesibles casi siempre.

“Para mí el acto más importante de la educación pública es acercar oportunidades a los jóvenes en el contexto rural. Es un acto profundamente democrático e igualador”, reflexiona Mariné, a la que también aquel decreto ministerial le cambió la vida. Es que en 2012, luego de más de una década como docente en el norte de Fiambalá, fue comisionada como directora organizadora de la Escuela Secundaria Rural N° 8, precisamente en su pueblo natal, Las Barrancas, pero con jurisdicción también en otras localidades, como Cóndor Huasi y Las Juntas, siembre en el Norte Chico de Belén.

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“A mí me implicó un gran desafío porque es muy fuerte volver a mi pueblo con una tarea tan grande. Empezamos una escuela de cero; fue andar mucho, gestionar mucho, hasta que nos pudimos organizar y aprender en ese proceso. Aprender mucho y caminar mucho también”.

La nueva escuela secundaria rural comenzó a funcionar el 5 de octubre de 2012, y de a poco fue creciendo, como los sueños de las chicas y chicos. Pasó de la matrícula inicial de 16 alumnos a 58 al año siguiente, en el que además se creó un anexo en Cóndor Huasi.

“Siempre vi a tantos alumnos con mucho potencial, con muchas ganas de seguir y con tantas limitaciones para poder estudiar, limitaciones básicamente económicas –dice Marine-. Entonces cuando yo veo que podían continuar estudiando y en sus propios pueblos me alegro mucho”.

“Quiero unirme contigo a soñar el mañana”

En el año 2014, al cumplirse el primer aniversario de la inauguración del anexo de Cóndor Huasi, se realizó un acto grande en el que participó toda la comunidad. Mariné compuso, para la ocasión, una canción “que es un homenaje a los alumnos y a esa alumna que fui y que soñé tantas veces con poder estudiar”. Una parte de la letra dice: “Cuándo veo en tus ojos esa luz de esperanza/ cuando pienso en tus sueños me contagia las ganas/ Cuando miro a tu alrededor y me encuentro en tus ansias / quiero unirme contigo a soñar el mañana…”

Maestra rural le canta a sus alumnos

Mariné Ríos estuvo en la función de Directora Organizadora de la Escuela Secundaria Rural N°8 desde el 2012 al 2020. También fue supervisora pedagógica de las escuelas Secundarias Rurales de los departamentos Belén y Antofagasta de la Sierra. Desde marzo del 2020 a la fecha se desempeña en el aula en las Escuelas N° 18 y 85 de la ciudad de Belén, pero sigue extrañando su tarea como maestra rural.

“Hoy siento que me emociono cuando recuerdo esos años porque ha sido un período muy significativo para mí. A veces los chicos en el contexto rural sienten mucha gratitud hacia el docente, y en mi caso yo siento mucho mucha gratitud hacia ellos, porque he aprendido tanto y me han dado tanto, sobre todo al alimentado mis sueños. A veces cuando voy a Fiambalá me encuentro con ellos y sentimos que ese ayer no pasó, que ese ayer se ha quedado en nosotros. Y entonces nos abrazamos cuando nos encontramos y es bonito cada encuentro porque sabemos que fue importante para ellos y para mí”.

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“Soy una convencida de que la educación no obedece a contextos; que nosotros donde estemos tenemos que ser los mejores docentes para nuestros chicos. Y que el contexto rural, lejos de condicionarnos, nos potencia, porque es allí donde uno se descubre. Y de esos desafíos surgen cosas tan importante que nos hacen tanto bien y le dan tanto sentido a lo que hacemos”.

Informe: Marcelo Gallo

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