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Viven a 150 kilómetros de Belén

La comunidad originaria de Los Morteritos pide no ser olvidada y espera por obras

La comunidad diaguita tiene 280 habitantes, 30 niños van a la escuela de periodo especial. Esperan ayuda pero también obras ya que el río socavó la defensa de ingreso de agua al pueblo en verano.

16 de septiembre de 2024 - 01:10

Habitantes de la comunidad diaguita calchaquí de Los Morteritos, Las Cuevas, distrito de Villa Vil, esperan desde el verano a la fecha obras para evitar inundaciones en época de lluvia. El cacique de la comunidad, “Tito” Roldán, dijo que desde el año pasado esperan por obras y la construcción de defensas del río, pero que al vivir tan lejos muchas veces no pueden hacer todas las gestiones necesarias. También, en la comunidad donde habitan 280 personas, temen las lluvias del verano por la crecida del río ya que desde comienzo de año están desprotegidos. A su vez, el sistema de salud es deficiente pero siempre de alguna manera solucionan los problemas.

Roldán contó a El Ancasti, que luego de conocer el caso de José Casimiro (publicado por este medio días atrás), quien pidió ayuda al llegar a esta Capital, no estuvieron de acuerdo “porque los originarios son humildes y no les gusta hacer pedidos”, pero que comprende la situación porque todo está muy difícil y económicamente la gente aun teniendo trabajo no les alcanza.

Dijo que la mayoría de los jefes de familia tienen trabajo en la comunidad y en los parajes cercanos como Las Cuevas, El Portezuelo y alrededores donde habitan de 4 a 8 familias que viven de la cría de animales, pero que como en toda comunidad originaria, la distancia es la que complica la vida cotidiana.

“Estamos a 125 kilómetros de Belén y nosotros pertenecemos al municipio de Villa Vil y estamos alejados, la gente se une y viaja a comprar las cosas para el mes como la mercadería.

Los parajes están muy lejos entre sí, ya casi no queda gente viviendo en los cerros, solo pocas familias que no se pueden venir a Morteritos por los animales, tienen cabras, ovejas, llamas y no van a dejar su hacienda porque de eso viven. Los chicos de los parajes ya bajaron porque comenzaron las clases, la escuela los alberga todos los días y los viernes vuelven, tenemos cerca de 30 niños ya en las escuelas. En el nivel secundario ya tenemos como 40, los chicos quieren estudiar, se les busca que todos puedan hacerlo de alguna manera, ellos se deben preparar para el futuro”, dijo Roldán.

Teniendo en cuenta lo difícil que es la vida diaria en la comunidad originaria, dijo que la gente vive en donde lo desea y que se ayudaba a varias familias con módulos en su momento pero que ahora es difícil conseguir ayuda.

“Tenemos una comunidad tranquila, a veces llegan turistas, creo que les cuesta pasar la ruta de Barranca Larga, ahora con las obras de asfaltado no hay tanta dificultad para llegar salvo la cuesta de 24 kilómetros, que creo que por eso mucha gente no llega”, manifestó.

Ante la consulta sobre si reciben donaciones, dijo que años atrás la gente llegaba con donaciones pero hace tiempo no lo hacen, no toda la gente la recibía y dijo que ante la necesidad las donaciones no llegaban a quienes más lo necesitaban, así que prefiere evitar las entregas no organizadas en la comunidad.

Los habitantes viven de sus trabajos en la comuna y la crianza de animales, la compra, venta, trueque, también hay artesanos y tejedores. La comunidad vive de manera apacible y una vez al año tienen una fiesta como el Festival del Cóndor, que en su edición N° XXIII, que se llevó a cabo en abril, fueron muy visitados.

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