Las historias de bullying en el último tiempo, aumentaron considerablemente. En este sentido, llegando al fin de año, no todo es color de rosas, no siempre es un soltar algo, si no también es saber escuchar a los que a veces con un simple gesto nos quieren demostrar algo.
¿Qué es el bullying?
El bullying o acoso es la agresión para ejercer poder sobre otra persona. Concretamente, los investigadores lo han definido como una serie de amenazas hostiles, físicas o verbales que se repiten, angustiando a la víctima y estableciendo un desequilibrio de poder entre ella y su acosador.
El bullying puede tener diversas facetas que muy frecuentemente se presentan de manera conjunta, creciente y progresiva, entre las que podemos destacar las siguientes:
Física: agresiones físicas, como empujar, pegar, agredir con algún objeto, romper las pertenencias, etcétera. Es el más fácil de detectar.
Psicológica: cuando se realicen acciones con el objetivo de reducir la autoestima del acosado.
Social: se excluye y aísla a la víctima respecto al grupo y no se la deja participar en juegos y otras acciones.
Algunas señales de alerta:
Evidencia de golpes, rasguños, arañazos o moretones.
Cambios llamativos en su humor o comportamiento, como mostrarse más irritable, ansioso o sensible.
Baja autoestima.
Se muestran más agresivos contra sí mismos u otros. O, por el contrario, manifiestan un gran retraimiento.
Junto con el estrés y la ansiedad pueden aparecer signos aislados como dolores de cabeza, de panza, diarrea, cambios en la alimentación (pérdida repentina del apetito o una ingesta excesiva) e incluso tartamudeo.
Durante la noche tienen trastornos del sueño, como insomnio o pesadillas, o quieren dormir todo el día para aislarse. Pueden comenzar a hacerse pis en la cama o se los puede escuchar hablar dormidos, diciendo frases como "dejame", "soltame" o "andate".
Padecen el "síndrome del domingo a la tarde", que consiste en un rechazo contundente ante la idea de volver al colegio al día siguiente. Puede ir acompañado de llanto o dolores psicosomáticos.
En los casos más graves, pueden tener ideas de muerte o escapistas.
Indicadores en los ámbitos escolares y sociales en general:
Dejan de asistir de forma regular a clases, a actividades relacionadas con la escuela que antes disfrutaban, como cumpleaños o salidas extraescolares.
Un cambio abrupto en el rendimiento escolar. En algunos casos, los chicos hostigados bajan mucho sus notas o, por el contrario, pueden mostrar un rendimiento por encima del promedio y pasan a ser alumnos "mimados" del docente.
Durante el recreo, buscan reducir el tiempo que pasan en el patio y evitan hacer trabajos grupales.
Empiezan a tener problemas para concentrarse que antes no tenían. La capacidad para prestar atención en clase disminuye a causa del nivel de ansiedad sufrido.
Sus compañeros generalmente no los invitan a los programas que organizan después del horario escolar y ellos no quieren invitar a nadie a casa.
Se quejan con frecuencia de que los cargan, de que son el blanco de burlas, insultos o agresiones.
Piden dinero extra o empiezan a robarlo (para pagarle al hostigador). Se repiten situaciones en las que pierden la tarea, los útiles escolares, el dinero o la merienda sin ninguna justificación lógica.
¿Qué es el ciberbullying?
Es el hostigamiento a través de medios informáticos como redes sociales, chat, correo electrónico o sitios web, según lo describe la organización Argentina Cibersegura. Consiste en molestar, amenazar, humillar o acosar a una persona utilizando esos medios.
Las formas más comunes son la difusión de falsos rumores, videos o fotos humillantes, y la creación de perfiles o sitios para agredir a la víctima. También puede ocurrir que el agresor se haga pasar por otra persona para decir cosas desagradables o amenace a la víctima con publicar su información personal.
Generalmente, los afectados son personas vulnerables que son vistas como “diferentes” por quien las molesta.
El ciberbullying se expande viralmente por la web y puede ser difícil de detener. Por tal motivo, resulta invasivo y dañino. Además, puede que las agresiones permanezcan en el ciberespacio durante mucho tiempo, por lo que afectan a largo plazo a quien las sufre.
¿Cómo debe actuar una escuela?
Anticipate: es muy importante que los protocolos de intervención se puedan establecer antes de que los problemas se presenten para evitar improvisaciones y acciones llenas de buenas intenciones pero que complican más que resolver.
Tomá medidas de urgencia: si se detectan conductas de acoso, burla o discriminación hay que detenerlas en el momento en que se producen. No minimices ni esperes a que el problema escale.
Cuidá a todos: hay que cuidar principalmente a quien fue hostigado pero también a todos los demás. Por eso es clave evitar los escraches, las charlas de pasillo y la humillación. “No se puede humillar a nadie para enseñar a los demás a no humillar”, rescata Zysman.
Escuchá activamente y de manera individual a todos los involucrados: empezá por escuchar la voz de la víctima y luego la de quienes podrían estar siendo espectadores.
Citá en primer lugar a la familia de la víctima (nunca al mismo tiempo que a la familia del hostigador). Luego se irá citando al resto de los involucrados de acuerdo a la situación particular.
Mantené la discreción y confidencialidad en todo momento.
¿Cómo conversar con los protagonistas de la situación? Desde la ONG santafecina Hablemos de Bullying ofrecen las siguientes recomendaciones:
Con el niño/adolescente que está siendo hostigado es importante lograr que se sienta escuchado y comprendido en sus sentimientos, fomentar sentimientos de esperanza, reforzar la importancia de hablar y ayudarlo a identificar a un adulto dentro de la institución a quien sienta más cercano o confiable para que se convierta en un factor protector inmediato.
Con los niños/adolescentes espectadores, lo central es establecer un vínculo de confianza y colaboración, debemos asegurarles confidencialidad y lograr que no se sientan juzgados, buscar con ellos modos asertivos de intervenir en los momentos en que son testigos de situaciones de acoso y generar motivación para convertirse en protectores.
Con el/los niños/adolescentes que están actuando como hostigadores, lo central en este caso es no juzgarlos. Se busca que tomen consciencia del sufrimiento que sus acciones provocan y participen en la búsqueda de soluciones y acciones compensatorias. Las preguntas son generales, no nos focalizamos sobre un hecho particular; y siempre apuntamos a generar la reflexión sobre las propias acciones y actitudes. Se trabaja desde la suposición sobre cómo podríamos colaborar en una situación de ese estilo. Igualmente esto dependerá de la gravedad del caso, existen diferentes estrategias para el abordaje que en situaciones de mayor gravedad exigirán interconsulta.
Reuniones con los padres de los menores implicados. Es esencial cuidar de no juntar a las familias de los niños/adolescentes implicados en la situación. Citarlos en días distintos para evitar encuentros de pasillo. Más allá de eso, María Zysman alerta: “Lo que va a influir directamente en la recepción y posterior reacción de esos padres es la forma en que nosotros nos dirigimos a ellos. Desde qué lugar les hablamos, qué proyecto tenemos con sus hijos”. Por eso, antes de citarlos, recomienda comenzar a trabajar con ese chico que hostiga para poder devolver a los padres algo lógico, humano y esperanzador. “Las reuniones no pueden ser un desahogo o cumplimiento formal por parte de la escuela sino todo lo contrario, una construcción amorosa con la familia”, agrega.
En todos los casos brindar información clara y concisa, dar tranquilidad y transmitir empatía con la situación. Lo más importante siempre es trabajar en equipo (familias y escuela) en pos del bienestar de los niños/adolescentes.
¿Qué medidas podemos llevar adelante en la institución?
Tené previstas consecuencias para aquellos alumnos que evidencian conductas de maltrato o de intimidaciones (sea de forma directa o indirecta) y procurá ser consistentes en su aplicación. Es conveniente comprometer al alumno en la reparación del daño y hacer un seguimiento de su conducta.
Comunicá a todos los integrantes de la institución, al personal docente y no docente sobre la situación delicada que se está atravesando e interpelalos a la reflexión para que se involucren en caso de que detecten alguna conducta de maltrato directo o indirecto y a que intensifiquen la observación de dichas conductas. Alertá a los docentes del grupo sobre la necesidad de estar atentos a las interacciones entre los alumnos del grupo. (Alertar no significa emitir juicio de valor, ya que esto incide en la percepción que tenemos del grupo y cómo los docentes nos relacionamos con ellos)
De manera general, mantené registro de todas las medidas emprendidas y de su seguimiento a fin de revisar su aplicación, evaluar resultados, dejar y dar constancia de las mismas a quien lo solicite, en especial a la familia involucrada.
Trabajá sobre medidas para prevenir posibles futuros incidentes.
Realizá reuniones de seguimiento con los padres para informarles cómo continúa el proceso.
Para mayor ayuda, la línea 102 la cual es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. También, cabe destacar que el Ministerio de Educación cuenta con un protocolo en casos de bullying.