Enormes campos sin agua de riego y nuevas construcciones

El paisaje rural de “Las Chacras” se va perdiendo por falta de planificación

Son pocas las zonas donde se observa sembrados y cría de animales, tanto en Valle Viejo como en Fray Mamerto Esquiú.
miércoles, 17 de febrero de 2021 · 01:09

Los paisajes rurales son un componente vital del patrimonio que representan culturas y tradiciones de cada pueblo que, como consecuencia del crecimiento urbanístico informal, de poco se van perdiendo en el tiempo. Es el caso de la zona conocida como “Las Chacras” que comprende a los departamentos Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú, región que justamente lleva esa denominación por haber sido en algún momento el polo productivo del valle central. Donde todavía, algunas familias aún conservan corrales con animales, sembradíos y alguna que otra acequia de agua aún sobrevive llevando el vital elemento para los cultivos y los estanques.  

El paso del tiempo y el fenómeno del crecimiento urbano ha ido avanzando sobre aquellos campos, convirtiéndolos en zonas urbanas sin dejar rastros del pasado y otras se convirtieron en zonas semirurales o suburbanas que aún conservan parte de ese paisaje intermedio entre lo urbano y lo rural. 

A pesar de que, ante los nuevos paradigmas de urbanización, la conservación de lo rural cobra mayor importancia y un nuevo significado desde el punto de vista de la consideración del patrimonio y del paisaje, desde los entes gubernamentales poco o nada se hace sobre acciones concretas para tratar de lograr un equilibro, permitiendo el avance de las nuevas edificaciones, pero preservando aunque sea algunos rasgos del entorno natural que fue característico de la zona, pese a que ello está normado en leyes comunales.    

Esas ordenanzas refieren justamente a conservar las “rutas escénicas”, la flora autóctona y que las nuevas construcciones contemplen determinados criterios. 

En las localidades de estos dos departamentos chacareros, que aún conservan características “semirurales”, se pueden observar loteos de terrenos de dimensiones estándares, construcciones de tinglados en la línea de algún callejón y muros largos y altos de material cocido que cercan algunas propiedades.  

Por ejemplo, en la Falda de San Antonio (FME), un club levantó a la vera de un tradicional callejón una enorme tapia para cerrar el campo deportivo, opacando así un paisaje característico de la zona, y lo que es peor, el muro está pegado a la arteria y con la peor cara de los elementos utilizados para la edificación hacia esta.  

Lo mismo ocurre en Collagasta, donde un particular cerró con un tapiado varias hectáreas de campo, devastando además la flora autóctona existente. En el mismo departamento, sobre la ruta provincial 1, considerada “ruta escénica” se edificaron obras sin que se respete ese concepto. 

Valle Viejo 
Peor aún en Valle Viejo, en cuyas localidades se dieron grandes desarrollos urbanísticos sin planificación  alguna para conservar lo autóctono, aunque en algunos pueblos de este se conservan esos entornos naturales. En El Portezuelo desmontaron campos completos que poseían una variada flora autóctona para la construcción de barrios del IPV, complejos de eventos, entre otras edificaciones. Lo mismo ocurre en las poblaciones de Santa Cruz y Huaycama, donde desaparecieron los viñedos que daban vida al tradicional aguardiente o los campos algodoneros, pero no solamente eso, sino que peor aún, empresas que realizan extracciones de áridos destruyen el cauce del río y las montañas, y hasta se formaron microbasurales. 

Así, como estos, hay tantos otros ejemplos en esta zona y distintas regiones de la provincia, donde ese paisaje intermedio que es aquel suelo ubicado en las periferias de las ciudades que, a la vez, no es urbano ni rural, se desarrollan edificaciones sin control y sin la intervención de las autoridades competentes que deben velar para evitar que la informalidad y la destrucción del patrimonio natural corrompan esos paisajes naturales en el marco de un crecimiento urbano armónico con la naturaleza. 

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