La Pandemia

Una madre perdió a sus tres hijos por el coronavirus

miércoles, 20 de mayo de 2020 · 08:42

Desde que la Organización Mundial de la Salud declaró al coronavirus como una pandemia, la vida de millones de personas ha cambiado por completo. Una de ellas es María Nunes Sinimbú, una brasileña que perdió para siempre la tranquilidad de su vida en la ciudad de Manaos, ya que en menos de un mes el Covid-19 mató a tres de sus hijos y a dos cuñados.

"Pensé que eso nunca ocurriría conmigo y mi familia. Lo veía muy lejano", contó la mujer de 76 años, en su humilde vivienda, sumida en una infinita tristeza. "Cuando murió el primero, Dios y Nuestra Señora del Carmo me dieron fuerza para sobrevivir. Cuando murió el segundo, me dije: acabó. Fui para mi cuarto y recibí una fuerza aún mayor de Dios para no desistir de la vida", relató.

Nunes Sinimbú, madre de 12 hijos de entre 40 y 60 años, con más de 60 nietos y no puede precisar cuántos bisnietos, es profesora retirada, viuda y solamente percibe una pensión que le otorgó el Estado. Según explicó, su tragedia comenzó el 5 de abril con la muerte de su hijo Raimundo, un profesor de 58 años que vivía con ella en la casa de tres cuartos del poblado barrio San Francisco.

Dos días después murió su cuñada Etelvina, de 77 años. Sin poder tomarse un respiro ante la tragedia, el 13 del mes pasado el coronavirus se llevó a su hija Iolanda, de 48, quien, dedicada al comercio, había optado por continuar una vida normal a pesar del avance del virus. "Mi hija no creía en la fuerza de esa enfermedad. Ella continuó trabajando y viajando normalmente, sin tomar cuidados", contó, resignada.

El dolor se acrecentó en la familia. El 24 de abril falleció su cuñado Luiz, de 80 años, y el 1º de mayo, su hijo Raniere Thiago, de 52, ingresó a un centro hospitalario en condiciones graves y murió poco después. A pesar de ser grupo de riesgo y de haber estado tan próxima al virus, Nunes Sinimbú no fue testeada. Durante las últimas semanas manifestó algunos síntomas relacionados con la enfermedad y tomó antigripales, por lo que cree que se curó.

La mujer pasa ahora los días con el apoyo del resto de su familia y de sus vecinos, quienes la definieron como una católica ferviente, por lo que se dedicó a rezar en el pequeño altar que tiene en su casa. Es devota, además, de Nuestra Señora del Carmo, la patrona de Parintins, pequeña ciudad amazónica de donde es oriunda.

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