“San Martín. Más allá del bronce”

1801: El bautismo de sangre del gran capitán

Por Juan Marcelo Calabria y Roberto Colimodio, de la Academia Nacional Sanmartiniana.
viernes, 17 de agosto de 2018 · 10:21

Son pocas las crónicas que narran los episodios vividos por San Martín en España durante su instrucción y carrera militar. Los escasos datos los conocemos por su foja de servicios e, indirectamente. por las biografías y actuaciones de los hombres que lo tuvieron bajo su mando en las batallas en las que participaron. Sin embargo, contamos con uno de los pocos testimonios documentales de puño y letra del joven teniente José de San Martín ante un hecho delictivo del que fue víctima en ocasión de robo mientras cumplía un encargo castrense.

Terminada esta comisión San Martín recibió orden de incorporarse a sus banderas y marchar al frente de su partida hacia Salamanca.

La inseguridad en las rutas de la España de principios del siglo XIX era frecuente (como en el Nuevo Mundo) y los viajeros tomaban precauciones para evitar ser atracados por los salteadores de caminos. Tales cuidados no fueron suficientes para San Martín que fue asaltado por cuatro facinerosos y herido cuando se defendió arriesgando su propia vida. 

Retrasado por la falta de cabalgaduras, llevando en su maleta los reales para atender su comisión San Martín sufrió el cobarde atraco en la provincia de Zamora en un paraje solitario, quizá en tierras cercanas al miserable pueblo de Corrales o bien en la cuesta inmediata al arroyo de los Güelmos.

“Don José de San Martín, segundo Teniente del regimiento de infantería de Murcia, con el debido respeto a la Real persona de Vuestra Majestad, expone: Que habiendo recibido orden superior para incorporarse con sus banderas la partida de reclutas que mandaba en la ciudad de Valladolid, y dirigiéndose con ella a la ciudad de Salamanca, tuvo la desgracia de ser acometido por cuatro facinerosos en ocasión que el exponente se había atrasado de su partida por la demora en el cumplimiento de bagajes de la justicia de tránsito. Estos asesinos pretendieron, desde luego, despojarme de cuanto tenía, apoderándose de mi maleta, en la que llevaba tres mil trescientos cincuenta reales remanentes de mi comisión. Acordándome de la profesión en que sirvo y el espíritu que anima a todo buen militar, me defendí usando de mi sable; pero, habiendo recibido dos heridas, una en el pecho, de bastante gravedad, y otra en una mano, tuve que abandonar los referidos efectos. El señor inspector general de infantería ha sido testigo de este accidente, pues aquel mismodía tuve el honor que me visitase en el pueblo del Cubo , donde fui conducido , y a este jefe di parte de lo ocurrido; y en caso de que necesitase de otras pruebas de la notoriedad de este suceso, me lisonjeo que él informará a Vuestra Majestad lo que llevo manifestando. Suplicando a V.M. con el mayor rendimiento que por un efecto de su notoria benignidad y aprecio singular que dispensa a sus militares, se digne mandar se me perdone la indicada cantidad que por este funesto incidente resulto debiendo. Gracia que espera el suplicante de la ignata piedad de V.M. Campo de Gibraltar, 6 de enero de 1802”.

Afortunadamente para San Martín, el Rey luego de recibir estos informes, se apiadó de su desgracia y le otorgó el perdón que demandaba, eximiéndolo del pago de la suma robada.

Este suceso, imprevisto, fue el bautismo de sangre del héroe de la futura Independencia sudamericana. A pesar ya de haber participado en varios combates y acciones militares, la espada de un delincuente fue la única que atravesó su cuerpo en tantos años de lucha anteriores y posteriores, hiriéndolo de gravedad.  

Como nota documental, podemos agregar que este es el primer oficio que conocemos escrito y firmado por San Martín.
 

Otras Noticias