Padres del ciclista navarro recordaron el accidente

“Está desafiando a la vida todos los días y tenemos que estar agradecidos"

La familia del deportista realizó un repaso desde su accidente en La Pampa hasta hoy, cuando sigue recuperándose.
jueves, 08 de noviembre de 2018 · 04:05

Era un 8 de diciembre, nada más y nada menos que el día que se celebra a la Virgen del Valle, cuando Nicolás Navarro despertó de su coma. Un mes atrás, era toda una promesa del ciclismo catamarqueño, ya que integraba la selección argentina que competía en La Pampa, pero en plena competencia un accidente paralizó todo su mundo.

"Estábamos en casa con mi mujer cuando nos llamaron. Nos decían que Nico estaba muy grave y que teníamos que llegar hasta La Pampa. Yo estaba aterrado por la idea de que me estuvieran mintiendo, ocultándonos que había pasado lo peor. Cuando agarré el auto para ir a ver a mi hijo se me nublaba la vista y de la desesperación no tenía ni idea para dónde quedaba La Pampa. A la altura de La Rioja erré la ruta y comencé a alejarme cada vez del destino", relató Mario, padre de Nico Navarro mientras desandaba con su historia el camino recorrido.

Cuando finalmente llegaron a La Pampa la pareja se encontró con un difícil panoramas: "Era tan duro verlo así, agradecíamos que estuviera vivo, pero los médicos no nos daban ninguna esperanza”, contaba Mario que en aquel momento solo podía rezar junto a los suyos mientras pasaran las 72 horas que desde el hospital indicaban esperar para conocer el rumbo del caso. Dentro de esas 72 horas llegó el profesor Maxi Brumec junto al Dr. Herrera, que era el médico de mi hijo desde chiquito. Ahí pudimos sentir el apoyo y la garantía de que se iba a hacer hasta lo imposible por la salud de mi hijo", dijo con emoción.

Un despertar especial

Pasado ese primer desesperante plazo, Nicolás entró en un profundo sueño inducido. “Nico estuvo unos 20 días en terapia, dormido, hasta que los médicos nos dijeron que ya no podían hacer más nada. Decían que solo un milagro podía salvar la vida de mi hijo y lo bajaron a otra sala", relató el padre. Fue en aquel momento en que el amor más profundo comenzó a obrar sobre la salud del joven. “Su madre pasaba el tiempo hablándole y poniéndole música para de alguna manera contenerlo en su sueño y llamarlo. Le poníamos a Walter Olmos, le hablábamos y veíamos como caían unas gotitas de sus ojos", continuó Mario mientras su relato ganaba cada vez más emoción. Fue en aquellas horas de entrega total que el “milagro” que los médicos decían que debía ocurrir finalmente sucedió: “El día 8 de diciembre, como a la hora en que pasa la virgencita después de la procesión, él despierta, abre los ojitos y le hace señas a la madre como preguntando dónde estaba”.

 Comenzaba el desafío

Una vez despierto, vendría uno de los mayores desafíos para Nicolás, también una de sus mayores oportunidades; un traslado a Buenos Aires para comenzar la ardua tarea de rehabilitarse en las instalaciones de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI). “El profesor Brumec y el Dr. Herrera ya venían movilizándose y gestionando para comenzar la rehabilitación. Se barajaban varias posibilidades, como Rosario o Córdoba y finalmente se logró el FLENI”. Pero el camino por delante sería duro; terminada la junta médica del instituto de rehabilitación, a los padres de Nico los hicieron firmar un convenio por el cual la institución se comprometía a realizar su trabajo por 84 días sin garantizar resultados, debido su estado de salud.

La noche del jueves 22 de diciembre de ese 2016, durante la Cena-Premiación del Deporte, Nico apareció en la pantalla principal para agradecer a quienes acudieron desde el primer momento para ayudarlo y emocionar a todos con un saludo y un mensaje de fuerza desde su habitación en Buenos Aires. "Muchas gracias por el apoyo. Ahora estamos tratando de recuperarnos de la caída. De a poco mejorando. Los quiero mucho”, dijo Nicolás, que ya mostraba notables mejorías respecto a los primeros días tras el accidente.

Con la mitad derecha de su cuerpo paralizada, Navarro inició la más dura de sus carreras, la de superarse a sí mismo y recuperarse. Los trabajos, que se hacían todos los días y en doble jornada incluían re-aprender a caminar, mantener el equilibrio, usar las manos, comer e incluso hablar. Tuvo también la fortuna de contar con un kinesiólogo que, movilizado por el cariño hacia el catamarqueño, lo atendía fuera de horario y por su cuenta. “Su madre le había hecho un abecedario y le enseñaba las letras, cómo se formaban las palabras; mamá, papá”, recordó Mario como detalle de la rehabilitación extrema que su hijo debió encarar para volver a su vida normal. Unos días antes de cumplirse los 84 días establecidos, la favorable evolución de Nico lo trajo de vuelta a su casa, a Catamarca, donde fue recibido por su familia y la gente. Aquí lo esperaría el Dr. Herrera, su médico de cabecera desde los 6 años que, junto a su equipo de Rendimiento Deportivo en la Secretaría de Deportes de la Provincia, continuarían la labor de rehabilitación que comenzó en Buenos Aires.

Agradecidos

“Es la fuerza de voluntad que Nicolás tiene la que lo llevó a recuperarse de la forma en que lo hizo”, dijo la mamá de Nicolás, que contó que hoy las paredes de la pieza del joven están cubiertas por carteles que lo alientan a seguir superando etapas tanto en su recuperación como en la carrera de Profesor de Educación física que inició por recomendación del Dr. Herrera en medio de todo el proceso y como una forma de sumar trabajo intelectual a la rehabilitación, conectándolo siempre a su pasión por el deporte. Los padres, agradecidos a la vida, no ahorraron detalles para describir la emoción de tener a su hijo en casa: “Con solo verlo acostado en su cama lloro de la emoción. Cuando recuerdo cómo estaba aquel día en La Pampa y lo veo hoy, yo lloro”, decía Mario. Marta, la mamá y pilar fundamental en la estabilidad emocional de toda la familia decía: “Le agradezco a Dios por tenerlo. La fuerza de voluntad que él tiene nos hace la tarea mucho más fácil. Todos los días lo hablo y cuando se decae estoy ahí para levantarlo. Nico está desafiando a la vida todos los días y tenemos que estar agradecidos. Él la lucha”.

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