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Como cada año hay un pabellón exclusivo para artesanos

Tejedoras del Poncho: el contacto directo con nuestra cultura ancestral

Son más de 50 los stands que muestran tejidos. La prenda más admirada es la hecha en telar rústico.
17 de julio de 2017 - 04:05 Por Redacción El Ancasti

Como cada año en la Fiesta más importante de los catamarqueños, las tejedoras y artesanas de ponchos exhiben y comercializan sus creaciones en el salón de los tejidos, un lugar representativo por el valor de la cultura ancestral al que todos pueden acceder mientras dura el evento. Es la oportunidad no solo para vender ponchos, también para que los visitantes conozcan el trabajo de cerca, de quienes se dedican a tejer en un telar rústico. 

Tejedoras y tejedores de Belén, Santa María, Fray Mamerto Esquiú, y tantos otros lugares del interior provincial ofrecen sus creaciones tradicionales como ruanas, mantas, frazadas, puyos y reciben los elogios de cada uno de los visitantes. 

Aída Soria de Aibar, del departamento Belén, dijo presente un año más, como hace 31 años. En la oportunidad trajo para comercializar ponchos finos de llama y oveja, chalinas, caminitos, gorros y ruanas. 

“En cada poncho de llama tardo entre 4 meses y más, siempre dependiendo del hilado si es fino o no tanto. El poncho tiene que ser de lana natural, que la conseguimos en el Norte de Belén, y es difícil conseguir la lana. Vendo cada poncho a 11.000 pesos y tengo ruanas desde $5.000. También hago para niños y salen más barato, trabajo con mi marido”, contó Aída. 

Raquel de Fátima Sabala Delgado, cuarta generación de tejedoras, también llegó desde el departamento Belén como cada año. Teje desde los 7 años junto a su hermana Simona del Carmen Delgado, y juntas crecieron al lado de un telar. Ahora tienen un emprendimiento llamado “El Cardón”, donde ofrecen los ponchos de oveja, llama y vicuña, también otras creaciones como los ponchos de seda de gusano (Bombyx mori), un atractivo que no deja de sorprender a los visitantes, sobre todo a turistas. 

“Venimos a mostrar nuestras creaciones como hace muchos años, tenemos desde bufandas hasta ponchos. Esto de venir es una tradición, nosotros aprendimos a tejer porque era una manera de vivir, ahora es la oportunidad de mostrar lo que hacemos, pero siempre recordando que es puro y natural. La fibra de vicuña la compramos en Fauna, y en caso de la oveja la compramos apenas sale del animal. Lo importante es que todos distingan la lana pura, porque vimos trabajos con lanas industrializadas", aclaró. 

En el caso de la seda de gusano, Raquel contó que cría los gusanos y luego les llevó muchos meses poder hacer una chalina de seda natural. 

“La chalina sale 35 mil pesos, es un trabajo a mano y trabajo desde la cría del gusano es un proceso muy difícil. También trajimos puyos a 2.000 pesos y quizás menos si es mezcla oveja y llama”, contó.
Por su parte, Simona Delgado agradeció el lugar que se le ofrece a las tejedoras en el Predio Ferial. 
“Somos 3 hermanas artesanas, que seguimos la tradición de nuestros ancestros. Lo que lamentamos es que los jóvenes no quieren seguir la artesanía, porque estudian. Los hijos ya no quieren ser tejedores prefieren estudiar porque esto no se vende todos los días. Quisiéramos que todos puedan apreciar nuestro trabajo porque es un estilo de vida”, manifestó.

Para conocer el proceso de la creación de un poncho, El Ancasti consultó con la tejedora, Juliana Ferril, oriunda de Barranca Larga, en el departamento Belén, quien llevó su lana de llama para realizar el poncho desde el principio, también colocaron el telar donde comenzaron a confeccionar un poncho. Esto causa gran impacto en su stand, y de hecho es uno de los más concurridos. 

“Primero estamos tizando la lana para hacer el hilo, sacamos de la lana todo lo que no sirve y preparamos para el hilado en uno. Después lo pondremos de dos, luego haremos la madeja, luego lavar y volver hacer el ovillo. Después se urde o se tira los hilos en el telar para poder tejer. Lo primero es la esquila, luego el hilado y así lo vamos trabajando. Este proceso nos lleva un mes. Una vez que está estirado en el telar es más fácil, pero depende del tiempo que se le dedica”, relató. 

Juliana, junto a su hija Judith, dijo que es la primera vez que llega a la Fiesta porque durante 35 vinieron su marido con sus hijas, también tejedoras. 

“Toda la vida lo hicimos (tejer) soy la tercera generación y ahora seguirán mis hijas, esto es muy lindo. Tenemos ponchos de llama, vicuña que salen entre 15 y 20 mil pesos y estamos felices del interés que tiene la gente”, confesó. María Rosa Vega de Arias, tejedora de Belén, también cumple 50 años de llegar a la Fiesta del Poncho, trajo como cada año para mostrar puyos de colores, y ponchos de alpaca. 

“Vengo desde los 28 años y lo seguiré haciendo. Lamentablemente no tengo quien me siga en lo que hago, pero yo voy a venir hasta que Dios diga”, expresó. 

Por su parte, Guillermina Zárate, tejedora de Fray Mamerto Esquiú, exhibe ponchos y ruanas de vicuña. 

"Estoy feliz por estar un año más", sentenció.

OPCIONES 

Adquirir un poncho de vicuña tiene un costo de entre 20 y 40 mil pesos. Depende de lo fino que sea el hilado. Un poncho de llama, oveja o alpaca tiene un precio que oscila entre los 5 y 15 mil pesos.


Las frazadas o puyos de colores, hechos en llama o mezcla con oveja tienen un precio que va desde los 2 y 20 mil pesos. 


Las creaciones con seda de gusano se venden a 35 mil pesos. Una chalina se puede tejer como mínimo en 4 meses. 


Las tejedoras compran su materia prima certificada en Fauna. Quienes abaratan costos viajan al Norte de Belén y la adquieren a productores, criadores de ovejas, llamas y alpacas. 

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