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La costa amalfitana

En Italia, sobre el mar Tirreno, en la provincia homónima de la región de la Campania, se yerguen hermosos pueblos de casas blancas. Sorrento, Amalfi, Positano y Ravello son lugares donde el paraíso se hace realidad.
28 de marzo de 2012 - 00:00
La Costa Amalfitana es un tramo de costa italiana bañado por el mar Tirreno, de gran interés turístico y cultural. Tanto es así que todos los municipios que integran la costa fueron declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997. Por su cercanía con Nápoles, es un destino elegido por muchos napolitanos, pero también por el jet set estadounidense desde mediados del siglo XX, razón por la cual ha adquirido gran exclusividad.





Aunque alojarse en cualquiera de los pueblos de la costa amalfitana puede ser costoso, se puede optar por visitar la costa en uno o dos días, con estadía en Nápoles. Todos los municipios que conforman la costa amalfitana sobre el golfo de Salerno son: Amalfi, Atrani, Cetara, Conca dei Marini, Furore, Maiori, Minori, Positano, Praiano, Ravello, Scala, Tramonti y Vietri sul Mare. Los más reconocidos y visitados son Amalfi, Positano y Ravello. Los demás son más pequeños y de menor atractivo turístico. Sorrento no se encuentra específicamente en el golfo pero forma parte del recorrido, el cual se puede empezar desde allí llegando desde Nápoles o Pompeya.





Los puntos a visitar son: el Duomo (la catedral) de Amalfi y su claustro; la Iglesia de Santa Maria Assunta en Positano; las iglesias de San Salvatore del Birecto y de Santa María Maddalena en Atrani; Villa Cimbrone y Villa Rufolo en Ravello; el convento de Santa María de Olearia en Maiori; las iglesias de San Luca y San Gennaro en Praiano; la Iglesia de San Pancrazio en Conca dei Marini; la Iglesia de Santa Trofimena y la antigua villa romana de Minori.





Pero más allá de estos atractivos históricos de la zona, lo que envuelve de magia al lugar es el hermoso paisaje paradisíaco que deja al visitante maravillado. Acantilados que dan al mar Tirreno, en el golfo de Salerno, y sobre éstos, las casas que se levantan desde lo más bajo hasta lo más alto de las montañas, que son en sí mismas balcones privilegiados. Las calles empedradas zigzaguean entre las casitas subiendo y bajando. En lo más alto del camino, se aprecia una vista panorámica espectacular y en lo más bajo, se puede disfrutar de la playa, con un mar de un color azul verdoso deslumbrante.



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