Más de 50.000 migrantes cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad española de Ceuta en un ingreso masivo que desbordó los controles fronterizos y desencadenó una grave crisis humanitaria y diplomática entre ambos países. El episodio dejó decenas de personas fallecidas durante el cruce y puso en evidencia la presión migratoria sobre la frontera.
Tras la emergencia, una parte importante de los migrantes regresó voluntariamente a Marruecos en los días siguientes, mientras España reforzó la seguridad en la zona y ambos gobiernos iniciaron gestiones para contener la situación y reducir las tensiones bilaterales.