José Pablo Feinmann volvió a cargar contra Marcelo Tinelli
luego de que fuera premiado como "Personalidad destacada de la cultura".
Tras anunciar su intención de devolver el galardón que él también había
recibido años atrás, el filósofo redobló sus críticas contra el
conductor de ShowMatch en una columna publicada en el diario Página 12. A continuación, sus frases más destacadas:
Se
instaló una certeza: la mitad del país miraba a Tinelli. ¿Qué ofrecía?
Basura. He analizado programas suyos buscando algo, un más allá de la
pavada, de lo guaso, lo soez, lo ridículo o lo pornográfico. Nunca lo
encontré.
Tinelli es el fruto de la devastación cultural del
menemismo (...). Su torpeza como conductor lo lleva al exceso de casi
meterse el micrófono cerca de alguna muela y además gritar.
Tinelli
entró en la verdadera pornografía cuando acudió a minusválidos para
entretener a su insaciable audiencia. Hizo bailar a una enana. A un
señor que le faltaba una pierna y usaba una muleta (...) Desbarrancó de
nuevo cuando una de sus chicas hizo tantos malabarismos en su número que
la tanga-hilo dental se le salió y les mostró a todos no otra cosa que
su vagina.
El centro del problema no reside en Tinelli. Si
no es él habrá otro. (...) Pero el canal que lo contrata, ¿por qué lo
hace? Porque a la gente le gusta. Y no: eso es falso. A la gente termina
por gustarle eso que todos los días le tiran por la cabeza. Pero si se
intentara algo mejor, de a poco los gustos irían cambiando. Eso es
precisamente lo que Tinelli y todo lo que gira a su alrededor quieren
impedir. Que algo cambie. En tanto tengan atornillados a sus sillones a
todos los mira-culos del país, todo irá bien. Su modelo (y el de las
corporaciones monopólicas que lo respaldan) es la Italia del Papi
Berlusconi.
La
TV argentina se hizo y se hace para un personaje que no existe: Doña
Rosa. Personaje creado por el machismo de Bernardo Neustadt. Doña Rosa
era una boba señora de barrio (¡tenía que ser mujer, desde luego!) a la
que había que darle basura porque no entendía otra cosa. (...)La creó la
mediocridad de los mediocres del medio.
La gente de la TV
se ha dedicado a ganar dinero. Y la TV no debiera ser eso. ¿Por qué los
mejores canales de la Argentina (y de muchos otros países) son
estatales? ¿Por qué no hay un solo programa cultural en la TV abierta?
¿Por qué los multimedios que dicen luchar por la libertad y la
democracia le abren las puertas a Tinelli? Porque Tinelli les es
funcional. La finalidad del poder no es educar, no es despertar conciencias, es idiotizarlas.
El
baile del caño con que Tinelli creyó encontrar la clave definitiva del
éxito tiene un origen prostibulario. El momento más glorioso es cuando
una "bailarina" incrusta su súper-culo en el caño y todo queda claro: el
caño es un súper-pene que penetra a un ultra-culo. Pero atención: las
chicas se animan porque Tinelli les ha dicho antes que sí, que es
posible, que si se atreven, lo hagan.
El
programa de Tinelli no es ni divertido. Está hecho para el espectador
mira-culos. Es la apoteosis del culo-idiotizante. De esta forma, es un
programa ideológico-político. (...)Un culo es ideología. Ideología de
dominación.
El ultra-culo es una herramienta del poder para cosificar la libertad de los sujetos. La infinidad de cíber-culos, ultra-culos, tevé-culos, culos
espectá(culo) que germinan por innumerables partes van en busca de eso:
de la libertad del sujeto. Todas esas formas de culos convergen y se
sintetizan en una: el culo-idiotizante.
Nos quieren idiotas,
sumisos, manipulables o muertos. Nosotros amamos la vida, el arte, el
amor, la libertad. Ellos no. Sólo aman el poder. Y destruirán el planeta
con tal de no perderlo.
Lo central –siempre– es la sumisión,
por el embrutecimiento en el trabajo, por la fuerza represiva o por la
represión del entretenimiento. ¿Hay alguna esperanza? Por ahora,
saberlo, denunciarlo. Y si ayer nos han dado un premio que hoy le dan al
representante de esa cultura, devolverlo.