lunes 6 de abril de 2026

Shakira cautivó a sus seguidores argentinos

Fue el primero de 21 recitales en América latina para presentar Sale el sol, su último disco.

La colombiana Shakira, acaso la mayor figura vigente de la industria musical latina, ofreció el sábado en el estadio Puerto Madero de Buenos Aires un espectáculo con una estética visual, tecnológica y coreográfica admirable que prevaleció sobre la sonoridad de la puesta y que complació a 45 mil seguidores.

Shakira clausuró en Buenos Aires su nuevo recorrido por la Argentina, que había tenido escalas en Salta y Córdoba, y que tuvo como señuelo la presentación del disco Sale el sol.

El material presentado condensa un discurso musical que reposa sobre el beat en desmedro del tratamiento melódico y armónico que la colombiana había explorado con intensidad en sus dos primeros discos (Donde estás corazón y Estoy aquí) e incluso en Pies descalzos, ya en su etapa de ascenso.

No se trata de una elección a primera vista condenable, ya que bellas sonoridades se han sostenido únicamente sobre la dimensión rítmica -en especial en las músicas africanas-, pero en el caso de Shakira parecen alejarla de su costado artístico más noble.

Sin embargo, la colombiana, con su nuevo repertorio, parece recuperar terrero con respecto a la propuesta anterior (Loba), al ahondar, aun con la simplicidad que reclama un formato a escala mundial, en la cruza de ciertas sonoridades tropicales, teñidas con aires de pop o de rock, según el caso.

La aparición de Shakira tuvo como prólogo un largo desfile de artistas que incluyó, entre más, a Vicentico, Emmanuel Horvilleur y el jamaiquino Ziggy Marley. Shakira saludó a sus seguidores y se internó en una serie de temas consagrados que le bastaron para convencer a sus fieles (Si te vas, Contigo).

Luego jugó con el público enseñando su movimiento de caderas para interpretar Mi vida; apeló a la emoción con Inevitable; ofreció una coreografía erótica junto a su percusionista; y se acomodó en la sonoridad flamenca con Gitana.

El público volvió a vibrar con una seguidilla de clásicos (La tortura), Ciega, sorda y muda, Undermeath your clothes) y luego prestó atención a las canciones nuevas: Gordita, Sale el sol, dedicada a Gustavo Cerati. La noche concluyó con los hits que el público más esperaba Loca, Loba, Ojos así, Hips don`t lie, Será será y el gastado Waka waka para alcanzar casi dos horas de recorrido musical.

En ese tramo, la colombiana, que ensayó siete cambios de vestuario, estuvo sostenida por un octeto de músicos comprendido por tres guitarras, bajo, teclado, percusión, batería y coro; más otros instrumentistas que aparecieron en segmentos específicos.
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