23 de marzo de 2011 - 00:00
Murió Elizabeth Taylor
Elizabeth Taylor, la última diva de Hollywood, cuyos ojos color violeta permanecen en la memoria a través de películas como Cleopatra, Gigante y ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, falleció hoy en Los Angeles (Estados Unidos) a los 79 años.
Ese mismo año, a los 17 años, se casó con Conrad Hilton Jr., heredero de un poderoso grupo hotelero, y aunque la unión duró sólo un año, dio comienzo a una seguidilla de esposos que incluye al actor Michael Wilding y al productor Michael Todd.
Posiblemente Liz confundiera al segundo con el primero al llamarlo por su nombre de pila, pero al año de la boda Todd se estrelló con su avión particular en una gira publicitaria de su megaproducción La vuelta al mundo en 80 días.
Como consuelo para su viudez, en 1959 le robó su marido Eddie Fischer a su íntima amiga Debbie Reynolds y, cuando parecía que el escándalo se apagaba, aún casada con Fischer comenzó su relación con Burton durante la filmación de Cleopatra, en Italia.
Ella era la reina del título y él Marco Antonio, protagonistas de una historia paralela que le agregó publicidad extra a la película, con tórridos encuentros, peleas, desencuentros y un casamiento inevitable en 1964.
En esa historia paralela Taylor sufrió toda clase de males físicos que abarcaron fiebres supuestamente adquiridas en el desierto egipcio, problemas dentales y respiratorios que obligaron a los médicos a practicarle una traqueotomía, cuya cicatriz el maquillaje no pudo tapar y fue notoria en algunos planos del filme.
Burton le obsequiaba joyas cargadas de diamantes y no se cansaba de ponderar públicamente los senos de su esposa, pero tenía otra adicción llamada whisky que deterioró la relación y alteraba su propia carrera artística.
Todo eso no impidió que Liz pasara de ser un rostro bello a demostrar sus calidades en películas como Ambiciones que matan (1951), con Montgomery Clift, Gigante (1956), con James Dean, Un gato sobre el tejado caliente (1958), con Paul Newman, y De repente en el verano (1962), con Katharine Hepburn y otra vez con Clift.
Tuvo su primer Oscar como mejor actriz por Una venus en visón (1960) y el segundo por ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966), que la situaron en un pedestal difícil de alcanzar, porque a esas alturas no era sólo una actriz sino ya un mito.
Luego siguió filmando: con Franco Zeffirelli (La fierecilla domada), John Huston (Reflejos en tus ojos dorados), Joseph Losey (Boom, el ángel de la muerte y Ceremonia secreta), George Cukor (El pájaro azul), de nuevo Zeffirelli (El joven Toscanini, de 1988) y Brian Levant (Los Picapiedras, en 1994).
Alejada del cine, fue siempre noticia por su delicada salud y sus internaciones, por su amistad con Michael Jackson, su militancia por la preservación del sida y por sus otros matrimonios; el último, en 1991, con el camionero Larry Fortensky.
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