Esta semana lanzan La luz del ritmo y viajan a México para iniciar la gira que en diciembre tendrá dos fechas en el estadio de River.
Cinco flamantes canciones, dos covers y seis nuevas versiones de temas propios. Un descripción numérica que no sólo es fría sino que hace lógica una comparación con el multiplatino compilado de 1993, el que traía un estreno como el hit Matador junto a demos, rarezas, reversiones y otro inédito.
Sin embargo, a la hora de buscar un punto de contacto, en realidad el flamante La luz del ritmo se parece más a El ritmo mundial, aquel tercer disco que tenía dos covers (Revolution Rock, de The Clash, y Twist & Shout, de Los Beatles) y abría el rango musical a nuevos estilos que iban más allá del ska y reggae que los catapultó a la fama en 1987.
Hoy, prácticamente dos décadas después, Los Fabulosos Cadillacs no sólo decidieron reunirse para una enorme gira que el año que viene sumará a Europa, sino que se propusieron regresar con dos discos nuevos, ambos con grabaciones actuales de estrenos y reversiones. El segundo (El ritmo de la luz) saldrá recién en marzo, pero el primero (La luz del ritmo) aparecerá esta semana, justo cuando la banda esté embarcando hacia México para el primero de la seguidilla de shows que desembocará el 12 y 13 de diciembre en River. Una coincidencia: este concierto del 5 de noviembre será en el Foro Sol del DF, el mismo lugar de su último concierto de abril de 2002.
La luz del ritmo demuestra que Los Fabulosos Cadillacs se encuentran en excelente forma, con su sonido característico y mucho más también. No es que retomaron donde habían quedado tras La marcha del golazo solitario de 1999, sino que incorporaron el crecimiento y la maduración que cada uno hizo con sus proyectos solistas durante estos últimos años.
El primer tema de difusión, por ejemplo, es un valiente acercamiento a la cumbia villera de Damas Gratis, con una versión de Padre nuestro que se podría relacionar con la reciente unión de Vicentico con Calle 13. Para compensar el susto y los prejuicios de los fans más ortodoxos, aparecen excelentes interpretaciones de clásicos como Basta de llamarme así (más cercano al arreglo del primer LP que el acústico de Vasos vacíos), Muy muy temprano y El genio del dub (con un solo de la guitarra más rockera del disco).
Los dos covers son Should I Stay or Should I Go, de The Clash, y Wake Up and Make Love to Me, de Ian Dury, ambas en buenas versiones en castellano (y estribillos en inglés) que le otorgan ese parentesco con El ritmo mundial.
Pero hay más, muchos más para celebrar este regreso y esperar con ansiedad a River, porque Mal bicho se convirtió en un refulgente tema de bola de espejos, funk, disco music y exquisitos arreglos de orquesta. Y Los condenaditos mutó con versatilidad en una suerte de inesperada banda de jazz funeral de Nueva Orleans.
En cuanto a los temas nuevos, el arranque del álbum es con La luz del ritmo, precisamente, una celebratoria introducción latina. Flores es otro posible hit con todos los elementos clásicamente Cadillacs en estribillos y coros grupales. Más adelante, tanto Nosotros egoístas (de Flavio) como Hoy (de Vicentico) parecen despedir con emoción y cariño a Toto, el percusionista que falleció pocos días antes de anunciar el regreso. Hay además una composición de Sergio Rotman, El fin del amor, con toques típicamente Cienfuegos en la letra y la música, pero con vientos Cadillacs y la voz de Vicentico, claro.
A lo largo de su carrera, Los Fabulosos Cadillacs han apostado a su instinto y a su pasión por la música. En un momento en el que podrían haber lanzado apenas un compilado, jugaron fuerte y volvieron a ganar.