En un contexto de “TV basura” sobreviven algunos productos en base a figuras convocantes, como es el caso de Susana, o a inteligentes productos, como Pergolini y su “CQC”. También hay ficciones que han crecido al resguardo de la competencia directa.
Alguien recordó que hace no muchos años la televisión era capaz de convocar multitudes con un programa de preguntas y respuestas donde el conocimiento y el suspenso eran los únicos ingredientes.
También Tato Bores paralizaba una vez por semana al país con sensitiva agudeza de libretos impecables.
Carlitos Balá arrastraba, con sus sencillos dichos, a millones de chicos que hoy, con la misma edad, seguramente son sometidos a ver, juzgar y comentar, colas arrastrándose por caños, insultos diversos y lolas al aire bañadas de champán.
"Historia antigua", dirán los productores de estos tiempos ávidos de desnudos y provocación. "La TV de hoy -aseguran- es el reflejo de estos tiempos y lo que la calle quiere es vértigo, violencia, sexo y mal gusto".
El rating lo marca, pero no es la verdad más estricta. En la pantalla de estos tiempos también sobreviven buenos programas que con una figura convocante, talento y o historias comunes son capaces de encaramarse en las primeras posiciones.
"Ahora sí sos la auténtica Susana", dijo hace pocos días Enrique Pinti a Susana Giménez, una de las pocas que sin los altavoces de los escándalos se anima a competir entre los top del rating.
Pinti no hizo más que expresar en público con lo que desde hace años Susana viene batallando con los voraces de audiencia de Telefé. "No quiero competir con otros programas, no quiero una carnicería en mi ciclo", suplicó más de una vez la rubia animadora.
Y cuando no le hicieron caso, la diva de los teléfonos tuvo que lidiar con un envío donde entre entrevistados y concursos aparecían alternativamente enanos controvertidos, hombres que se cocinaban en un horno, vacíos personajes de Gran Hermano y forzados estiramientos de horario.
Este año Susana demostró cuánta razón tenía: su magazin es un ciclo normal, sin golpes bajos, con principio y final previsible, y con una audiencia de 20 puntos con picos de 24 ó 27.
Susana resistió los embates de Claudio Villarruel y no se dejó invadir el programa con basura ajena, salvo en contados momentos cuando se bancó la visita de los chicos de Gran Hermano, aunque con un indisimulado fastidio.
Con su modesto reality del circo -que no mide demasiado-, con invitados y con la contundencia de su propia imagen, demostró que se puede competir sin las acostumbradas groserías de los programas top.
No es la única. Mario Pergolini pilotea “CQC” con la sencilla arma de la inteligencia. Es cierto que lo suyo no es sumar puntos pero sin proponérselo todas las semanas acapara entre 14 y 17 unidades de audiencia. No tiene caños, no tiene cabezas vacías hablando boberías entre cuatro paredes, pero en cambio estimula otros sentidos despreciados en los realitys de moda: las neuronas. Y no le va mal.
Incluso envíos más fuertes pero bien hechos como "Mujeres Asesinas" y "Policías en Acción" se desarrollaron por virtudes propias, aunque, es cierto, muchas veces empujados por el impulso de Tinelli o Gran Hermano.
Hay ficciones que han crecido al resguardo de la competencia directa pero que han derrotado a las repeticiones de la TV basura. Es el caso, por ejemplo, de "La Ley del Amor", la telenovela de Soledad Silveyra y Raúl Taibo, que lidera la tarde de Telefé.
"Casi Ángeles" y "Patito Feo" también pueden enmarcarse en ese quiste que se aparta de las estridencias de la pantalla caliente, y cosechan audiencias de entre 15 y 17 puntos. Eclipsada por las sombras de la basura, los escándalos, la tontería y la grosería, todavía queda una televisión para rescatar.