20 de diciembre de 2007 - 00:00
A 20 años de su muerte, Luca Prodan resiste el olvido
La noche del 21 de diciembre de 1987 marcó una bisagra en el rock argentino, al llevar al músico a la historia y convertirlo en un emblema cuyo nombre se sigue agigantando día a día.
Luego vinieron "Llegando los monos" en 1986 con "Viejos vinagres" y "Que me pisen" y en 1987 "After Chabón", con la bellísima "Mañana en el Abasto" y "Lo quiero ya", que con su frase "no sé lo que quiero pero lo quiero ya" sintetizó toda una época o un estado del espíritu de una época.
Nacido en Roma en mayo de 1953, Luca estudió en el aristocrático colegio escocés Gordonstown College, del que se fugó antes de recibirse, y llegó a las sierras de Córdoba en 1981 escapando a la heroína y el suicidio de su hermana que lo habían puesto al borde la muerte.
Desde allí, y luego de unirse a Germán Daffunchio primero, Alejandro Sokol después, Diego Arnedo, Roberto Petinatto, Ricardo Mollo y Alejandro Troglio, más tarde, dio origen a Sumo, una banda que dejó para siempre su marca en el rock argentino y que creció en popularidad y significado después de su muerte.
Además de eso, Luca fue una permanente voz de alerta y denuncia contra cierto provincianismo de los rockers nativos, como cuando señaló: "Acá hay demasiada seriedad, todos quieren ser profesionales y se olvidan que el rock es una locura".
Una voz desafiante también del star-system cuando afirmó: "Manejar el poder es como manejar explosivos, te podés hacer mierda vos mismo" o "la heroína es la segunda droga en importancia, la primera es el poder", una frase que con algunos cambios repetiría Diego Maradona 15 años más tarde.
Liberado de la heroína que lo consumió en la Europa tatcherista, Luca no pudo escapar a la bebida y dejó en claro esta situación.
"Nunca pensé que la ginebra fuera el elixir de la vida, más bien es el elixir de la muerte", dijo en un reportaje.
El 20 de diciembre de 1987 ofreció su último recital en estadio del club Los Andes, donde dijo, antes de cantar una canción "ahí va la última", para los 500 jóvenes que lo
escuchaban.
Después murió, entre la noche del 21 de diciembre y la mañana del 22 en que lo encontraron en su cama de la pensión de San Telmo donde estaba viviendo, sin conciencia de la "pequeña revolución" que había desatado y que aún algunos reivindican, aunque más abajo que arriba del escenario.
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