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Editorial

Voluntad política y estrategias preventivas

Las noticias sobre salud pública en Catamarca suelen aludir a lo que sucede en torno a los grandes hospitales...

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6 de julio de 2022 - 00:15

Las noticias sobre salud pública en Catamarca suelen aludir a lo que sucede en torno a los grandes hospitales: la compra de equipamientos, las ablaciones de órganos, los reclamos salariales de médicos y personal de enfermería, las carencias de insumos y el deterioro de la infraestructura, la prevalencia de ciertas enfermedades que saturan las guardias, etc. Es lógico que así suceda, pues esos centros de salud hegemonizan no solo el presupuesto público sino también la actividad sanitaria de la provincia. Pero es bueno también poner atención a los problemas de salud pública que ocurren a diario, desde tiempos inmemoriales, en lugares del territorio provincial muy alejados de los centros urbanos, algunos de ellos incluso de difícil acceso. Lo que habitualmente se llama el interior profundo de Catamarca.

Son parajes o pequeñas localidades donde la salud privada, que lógicamente solo ofrece servicios si hay una rentabilidad económica, no llega. Y la salud pública apenas, de manera esporádica e irregular. De hecho, uno de los problemas sanitarios en este contexto es la carencia de profesionales de la medicina que puedan atender las afecciones primarias de las personas que habitan estas localidades y que, además, puedan enseñar hábitos saludables que prevengan enfermedades, función que complementan los agentes sanitarios.

La función estratégica, pero no siempre valorada, de este tipo de práctica de la medicina se reflexiona en estos días. Es que el 4 de julio se celebra el Día del Médico Rural, en honor a Esteban L. Maradona, nacido ese día pero en 1895. Durante medio siglo ejerció la medicina en una pequeña localidad formoseña, Estanislao del Campo, donde habitaban comunidades indígenas de tobas, matacos, mocovíes y pilagás, a las que ayudó permanentemente desde su rol profesional y también desde una perspectiva humana, económica, cultural y social.

La historia del doctor Maradona es ejemplar, pero también excepcional. No puede el Estado exigirles a los médicos actitudes que rozan lo heroico, mucho menos por salarios muy por debajo de los que perciben los profesionales que atienden en sus cómodos consultorios de una ciudad, para llevar atención y contención a habitantes de parajes desolados. El Estado debe garantizar las condiciones laborales y de vida para que los médicos, ofreciendo incentivos económicos pero también de proyección profesional, pueden radicarse en localidades chicas, más cercanas a los parajes donde habitan personas que requieren de atención sanitaria.

Los avances en ese sentido logrados en las últimas décadas son insuficientes. Y se ha desperdiciado una camada de profesionales catamarqueños recibidos hace ya más de una década en Cuba, país en el que la atención primaria de la salud es una de las mejores del mundo, la mayoría de los cuales no realizan esta tarea para la que fueron especialmente formados, o incluso se radicaron en otras provincias.

Que la salud llegue a todo el territorio provincial demanda presupuesto, es cierto, pero también voluntad política y reforzar las estrategias preventivas, que son eficientes porque dan resultados a largo plazo y a un costo mucho menor que las asistenciales.

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