La obsesión por encajar en los estereotipos de belleza establecidos no solo genera sufrimiento psicológico y emocional, sino también enfermedades físicas y hasta la muerte, como se puede verificar si se analiza el triste desenlace de la vida de Silvina Luna.
La presión social para seguir los estándares impuestos respecto de cómo debe lucir una persona, particularmente las mujeres, empuja muchas veces a la toma de decisiones equivocadas. En el afán de tener un cuerpo lo más cercano al ideal, siempre según los cánones dominantes, muchas personas se someten a dietas poco saludables, consumen medicamentos o se someten a terapias sin supervisión médica, y hasta a prácticas quirúrgicas invasivas y sin control alguno. Este conjunto de situaciones pueden encuadrarse en lo que ahora se denomina violencia estética.
El caso de la modelo y actriz Silvina Luna es paradigmático porque tuvo un desenlace fatal a partir, según todo parece indicar, una mala praxis médica. "El caso de Silvina Luna es icónico porque hace visible algo que es muchísimo más común de lo que se piensa, que es cómo en esta búsqueda infinita, porque no tiene límite, de encajar en el estándar de belleza que nos rige en este momento, pone en riesgo la salud y la vida". La expresión le corresponde a Lala Pasquinelli, fundadora del proyecto "Mujeres que no fueron tapa", sobre el que ya hemos reflexionado en esta columna en oportunidades anteriores, que tiene como objetivo precisamente romper con los estereotipos estéticos femeninos. El proyecto lanzó a fines de 2021 una campaña que se denominó “Hermana, soltá la panza”, que tenía como propósito central colmar las redes sociales de fotos de mujeres reales, que puedan mostrar, sin culpa y sin vergüenza, sus cuerpos, desobedeciendo el consejo de “meter la panza” que siempre han escuchado.
En los últimos años, Luna, a partir de la enseñanza que le dejó su propia experiencia, se había convertido en una suerte de activista en contra del mandato social del “cuerpo ideal”. "Yo caí en la trampa de los estereotipos. Que no existen en realidad, pero quería verme de determinada manera. Estaba en una etapa de teatro de revista, trabajaba con el físico. Yo creía que quien era no era suficiente", dijo en una de sus últimas entrevistas televisivas, en abril de este año.
El concepto de violencia estética, entendido como la presión social para cumplir un determinado prototipo estético a toda costa, incluso cuando alcanzarlo supone algún riesgo para la salud mental y física de la persona, es nuevo, pero los casos se han registrado a lo largo de la historia de toda la humanidad. Los imaginarios de belleza han existido siempre, y han ido variando con los años. Lo que no ha variado es la presión social para que las personas, sobre todo las mujeres, se adapten a ese estereotipo.
Es de esperar que la dolorosa experiencia de Silvina Luna deje al menos como enseñanza la inconveniencia de seguir los estándares impuestos de belleza. El objetivo debería ser, en todo caso, llevar una vida saludable, en lo físico y lo emocional, evitando al mismo tiempo la cruel imposición de la violencia estética.