En el contexto de un arduo debate global respecto de si pandemia continuará mucho tiempo más o pasará a convertirse en una endemia, Dinamarca sorprendió al “darle la bienvenida a la vieja normalidad”. En pleno auge de la variante Ómicron, que ha provocado un explosivo récord de casos diarios desde hace más de un mes en la mayoría de los países del mundo y en el total general, la nación del norte de Europa decidió levantar absolutamente todas las restricciones y retornar a la vida “como era antes” de la declaración de la pandemia.
La primera ministra de ese país, Mette Frederiksen, volvió a dar la bienvenida a la “vieja normalidad”: “Estamos listos para salir de la sombra del coronavirus, decimos adiós a las restricciones y le damos la bienvenida a la vida que teníamos antes”, dijo, al formular públicamente el anuncio.
La generalización de la vacunación en los países con mayores recursos y la caracterización de la nueva variante del coronavirus como “más contagiosa pero menos agresiva” que las cepas anteriores, permiten un margen mayor para el optimismo, pero nada indica que sea posible abolir de un día para el otro todas las medidas preventivas, sin comprometer a los sistemas de salud y causar, inevitablemente, más muertes por la enfermedad.
Desde el comienzo mismo de la pandemia se viene advirtiendo sobre el punto de inflexión que significará en las prácticas cotidianas. Cómo, aun luego de finalizar, impactará en los comportamientos sociales. De este razonamiento surgió el concepto de “nueva normalidad”, que implica volver “a la normalidad” pero no a la que existía hasta que los casos del nuevo coronavirus, con sus rastros de muerte, empezaron a multiplicarse por todo el mundo, sino a una distinta, parecida a la que regía hasta 2019 pero con la implementación de una serie de medidas sanitarias preventivas incorporadas ya como práctica habitual y, además, necesaria.
La visión del gobierno danés contrasta con algunas advertencias lanzadas por prestigiosos científicos, que le auguran larga (y peligrosa) vigencia al Covid-19. Es, por ejemplo, el caso del epidemiólogo estadounidense Gregory Poland, que opinó que “nuestros tatara-tatara-tatara-nietos” seguirán siendo inmunizados contra la enfermedad. “La sociedad deberá aprender a convivir con el virus a lo largo de los años. Todavía no estamos en ninguna etapa en la que podamos predecir la endemicidad. No lo vamos a erradicar”, dijo días pasados durante una webinar.
Entre una visión excesivamente optimista, como la del gobierno de Dinamarca, y las advertencias casi apocalípticas de algunos especialistas, tal vez lo más conveniente sea aprender de los errores cometidos y seguir avanzando hacia una nueva normalidad, donde las restricciones y prohibiciones se vayan moderando hasta desaparecer, pero ejercitando medidas preventivas básicas, como la vacunación, el uso de barbijos en lugares cerrados y el distanciamiento social en los casos en que sea posible.
La vieja normalidad es una aspiración impracticable por ahora. Y tal vez nunca vuelva.n