Una madre denunció un tremendo caso de bullying contra su pequeño hijo a través de una publicación en una red social. Al parecer, según sus palabras, se vio obligada a hacerlo ante la falta de respuestas de las autoridades del colegio privado de San Fernando del Valle de Catamarca al que concurre.
En su publicación, la mujer relata con lujo de detalles el acoso al que es sometido el pequeño que cursa el segundo grado por parte de un compañero, que incluye robo de sus pertenencias, hostigamiento constante, burlas muy agresivas y discriminatorias y hasta agresiones físicas. Los comportamientos agresivos se vienen dando, de acuerdo con la publicación, desde que ambos empezaron la escuela primaria.
Siempre según el relato, ante la queja por la situación que vive el pequeño, las autoridades del establecimiento dijeron que “se estaban encargando” del asunto. Pero el calvario del niño siguió. Y el daño que está generando el bullying es más que preocupante. No solamente no quiere ir más a la escuela sino que también las agresiones, psicológicas y físicas, lo afectan en su vida cotidiana, más allá del horario escolar.
La mujer se queja, también, de que no hay un gabinete psicopedagógico que intervenga en este tipo de problemas.
En los comentarios de la publicación otros padres, además de solidarizarse, relatan episodios similares en el que las víctimas son sus hijos, en ese y en otros establecimientos educativos de la provincia.
El acoso escolar es más común de lo que se piensa. Ocurre a diario en todas las escuelas. Durante mucho tiempo se subestimó el problema, pero desde hace muchos años los especialistas han avanzado en su compresión y en su abordaje. Las autoridades escolares en general, y del colegio mencionado en particular, saben que hay protocolos que seguir para acabar con las agresiones y proteger al niño que es víctima de ellas. No importa el poder o la posición económica de los padres del chico agresor.
Tanto el niño que recurre a la agresión sistemática como el que la padece deben recibir atención. Son pequeños y su personalidad está en plena formación.
Los chicos que ejercen el bullying, señalan los expertos, aprenden que por la violencia y el maltrato pueden conseguir cosas. Por lo general, tienen necesidad de dominar y de controlar a los demás, altos niveles de ansiedad, falta de empatía o dificultades para asumirla, temperamento más impulsivo y baja tolerancia a la frustración y al acatamiento de las normas. Requieren también de un abordaje específico para modificar sus conductas agresivas.
De modo que las autoridades tienen una responsabilidad indelegable en detectar y reconocer el problema, para luego informar a los padres, tanto de la víctima como del agresor, a los fines de avanzar en el diseño de pautas para una sana convivencia escolar. Una opción desaconsejable en los casos de bullying es subestimar lo que pasa. O, peor, hacer de cuenta que no pasa nada.