jueves 2 de abril de 2026
Editorial

Víctimas vulnerables

Un gravísimo caso de maltrato a una persona mayor tomó trascendencia pública en los últimos días cuando se viralizó un video, registrado por una cámara de seguridad de una vivienda de la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires, que muestra a una cuidadora agredir despiadadamente a una mujer de 84 años que padece Alzheimer. La agresora quedó detenida, acusada de “lesiones leves agravadas”.

Los casos de agresiones a personas mayores son más comunes de lo que se piensa. No hay estadísticas precisas respecto de la cantidad porque hay un subregistro: las denuncias son muchísimas menos que los casos reales. Las víctimas, personas de edad, muchas veces con limitaciones físicas o de movimiento, no denuncian. Y menos aún cuando el victimario es un pariente.

El físico no es el único tipo de maltrato que sufren las personas mayores. La Declaración de Toronto del año 2002 para la Prevención Global del Maltrato de las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud ha definido el maltrato de personas mayores como la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la cual produzca daño o angustia a una persona anciana.

Además del maltrato físico, pueden mencionarse también el psicológico o emocional, el económico o financiero, (que es el mal uso o apropiación indebida de recursos financieros por parte de miembros de tu familia, cuidadores/as o extraños, como así también el uso de medios financieros para controlarte o facilitar otros tipos de abuso), el sexual (si hay relaciones no consentidas) y el abandono. También se han sumado nuevos tipos, que tienen un mayor grado de complejidad y que requieren de explicaciones adicionales. El simbólico, por ejemplo, es el ejercido por el entorno de la víctima a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos, reproduciendo dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales. Incluye, por ejemplo, la gerontofobia y el viejismo. La gerontofobia es la aversión hacia las personas mayores, asociándolas a decadencia, enfermedad o decrepitud. El viejismo, por su parte, puede definirse como un conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a las personas mayores simplemente en razón de una edad avanzada.

Finalmente, puede mencionarse también el maltrato institucional que es el que ocurre en los diferentes servicios públicos y/o privados y se relaciona con las deficiencias en los sistemas de atención.

Como sucede con el maltrato infantil, en las agresiones a personas mayores las víctimas pertenecen a sectores de alta vulnerabilidad. Por eso es fundamental estar atentos a las señales que puedan observarse respecto de secuelas de actos de violencia. No solamente el entorno afectivo, en donde a veces también hay victimarios, sino el personal de salud u otras personas que tienen contacto con la potencial víctima.

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