La magnitud que alcanzó la última edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho planteó una nueva demanda: la necesidad de ampliar el predio ferial para contar con más espacio físico con el objeto de mostrar la industria cultural catamarqueña y para que sea un espacio más cómodo para transitar. Una decisión que muestra la importancia de la puesta en valor de las obras que adquieren significancia, más allá de quién realizó el corte de cintas.
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Una obra que trascendió gestiones
El 20 de julio de 2007, el exgobernador Eduardo Brizuela del Moral inauguró el Predio Ferial como el espacio definitivo para la Fiesta del Poncho. Desde su primera edición, en 1971, la tradicional fiesta de los catamarqueños fue cambiando de escenario ya que no tenía un lugar propio. “Estamos siendo testigos del hecho más significativo y trascendente de la historia del Poncho, nada más y nada menos que la inauguración de la casa propia de la cultura catamarqueña, donde expondrán productores y artesanos de toda la provincia”, había expresado el exgobernador en su discurso. Otras refacciones se realizaron al año siguiente, en el segundo mandato de Brizuela del Moral.
La obra se realizó con la inversión de regalías mineras. Tras la inauguración, la fiesta del Poncho encontró su lugar definitivo, pero pasaron varios años hasta que llegó a convertirse en un polo cultural para cumplir con el objetivo para el que había sido creado: un predio para la organización de distintos tipos de eventos. Por varios años, el lugar tuvo pocas actividades programadas y el mantenimiento era más costoso que los beneficios. Las causas no eran claras para el abandono de una obra que junto al estadio de fútbol Bicentenario, por otras razones, entraban en decadencia.
Según datos oficiales, el Predio Ferial se asienta en una parcela de 239.590 m² con dos pabellones, tiene una superficie total cubierta de más de 11 mil metros cuadrados cubiertos, es multifuncional y permite, por su flexibilidad espacial, organizar espectáculos, exposiciones y convocatorias de hasta 6.000 personas.
En la última edición, la fiesta alcanzó un récord de 1.545.000 visitantes a lo largo de los 10 días de la fiesta, según la Dirección de Calidad Turística del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte a partir de datos informados por la Policía de la provincia. El jueves 20, por ejemplo, unas 330 mil almas circularon por el predio. El espacio quedó limitado para que los artesanos desplieguen todo su arte y para el tránsito de los visitantes.
Tras la pandemia, el Predio se convirtió en un eje convocante para capacitaciones masivas, eventos productivos, ferias de emprendedores, muestra de colectividades como la de Japón o la de Italia, por ejemplo. Es claro que se comenzó a gestionar el lugar y que además el sector público y privado trabajaron en forma conjunta para la refuncionalización.
Es por eso que es auspicioso el anuncio que realizó el gobernador Raúl Jalil con respecto a la posibilidad de gestionar fondos ante el Consejo Federal de Inversiones para realizar la ampliación del lugar ya que quedó a la vista que el “Poncho” es un horizonte de posibilidades que se van incorporando a la muestra artesanal con la que se inició esta larga tradición.