La sociedad moderna ha potenciado el crecimiento de las adicciones: desde las más tradicionales, como el alcoholismo o la drogadependencia, hasta las más actuales, vinculadas a la aparición y desarrollo de las nuevas tecnologías. Estas últimas afectan a los más jóvenes –incluso niños y adolescentes- y los abordajes son más complejos que las “viejas” adicciones, porque en el afán de procurar un tratamiento eficaz se incursiona en un terreno donde abunda más lo desconocido que las certezas.
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Una nueva adicción
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de declarar a la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental. Lo hizo al difundir el pasado viernes la lista actualizada de patologías, una revisión necesaria luego de treinta años de estancamiento. Como sucede con otras patologías de este tenor, no todas las personas que consumen productos o realizan actividades que generan adicción son adictos. Es decir, no todas las personas –la gran mayoría niños, adolescentes y jóvenes- que recurren a los videojuegos como un entretenimiento son adictos.
Las estadísticas que se conocen indican que hay en el mundo hay aproximadamente tres mil millones de jugadores, y 19 millones en la Argentina. Es decir, alrededor del 40 por ciento de las personas. En un análisis centrado en 90 países, la OMS ha detectado 1,6 millones de casos considerados clínicos, es decir, que encuadran en situaciones adictivas.
Los síntomas descritos incluye, según el organismo internacional, “la imposibilidad de parar de jugar en internet o con una consola, desatender las amistades o el trabajo a causa de ello, en períodos superiores a un año”. La adicción produce efectos indeseables en el desempeño educativo, laboral y un deterioro en la relación con familiares y amigos.
La decisión de la Organización Mundial de la Salud tiene implicancias que van mucho más allá de las estadísticas: al reconocer la existencia de una enfermedad, contribuye a su visibilización y permite a los que padecen el trastorno y son caracterizados como usuarios con consumo problemático el acceso a los tratamientos recomendados para estos casos. Como esta adicción es de tipo conductual, para deshacer la dependencia se requiere de intervención de profesionales de la psicología o de la psiquiatría, según los casos, que apunten a recuperar los hábitos y las prácticas dentro de un marco de normalidad.
La enumeración de los síntomas principales de esta nueva adicción permite al propio videojugador o a las personas que integran su entorno afectivo advertir la posibilidad de la existencia de la patología. Resulta clave entender que no se trata simplemente de malos hábitos, sino de una enfermedad mental que requiere de tratamientos específicos. Y que, como sucede con cualquiera de las adicciones, la demora en acudir a un profesional capacitado para realizar el abordaje resultará nociva y complicará las posibilidades de una recuperación relativamente rápida y satisfactoria.
Como la adicción a los videojuegos es de tipo conductual, para deshacer la dependencia se requiere de intervención de profesionales de la psicología o de la psiquiatría.