Una emboscada, un crimen, una huida, identidades falsas y una nueva vida
“Moira” Ibáñez estuvo prófuga casi 12 años bajo una identidad falsa, pero fue detenida y condenada a prisión perpetua.
"Moira". Detenida desde 2008 y condenada a prisión perpetua en 2010.
Se cumplen 30 años de la noche en que Pablo Ramón Marín, docente y padre de familia, salió de su casa con la excusa de acercarle unas fotocopias a una chica del barrio y no volvió. Lo esperaba, en un descampado cerca del ex Hotel Sussex, sobre la Ruta Nacional 38, la mujer con la que mantenía una relación sentimental: Silvana Elena Ibáñez, conocida como "Moira".
Marín, de unos 50 años, la ayudaba con el alquiler y los gastos. Ella, según reconstruyó después la Justicia, le devolvió el favor con un plan para robarle el auto —un Ford Orión— y fugarse con este vehículo a Las Termas de Río Hondo. Entre la noche del 6 y la madrugada del 7 de septiembre de 1996, Ibáñez lo llevó engañado hasta el lugar previamente elegido. Ahí esperaban escondidos sus tres cómplices. Cuando dio la señal convenida —subir el volumen de la música y encender la luz interna del auto—, lo golpearon en la cabeza con el eje de una mancuerna hasta matarlo.
La Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación, integrada por los jueces Rodolfo Bustamante, Jorge Álvarez Morales y Luis Guillamondegui, -13 años y ocho meses después, en mayo de 2010- la declaró culpable en el delito de “homicidio críminis causae” y la condenó a prisión perpetua. Para el Tribunal, quedó probado quién estaba al mando esa noche. "No caben dudas que, Ibáñez, aprovechándose de la relación que tenía con Marín, fue la principal ideóloga del macabro suceso", se indicó en los fundamentos de la condena a prisión perpetua. "Ibáñez era la que se mostraba más fría y tranquila, e incluso acusaba de 'cagones' a su compañero de andanzas".
Como otra persona
Tras deshacerse del cuerpo en un campo de Valle Viejo, Ibáñez y su cómplice Karina Aybar abandonaron a los otros dos implicados con la promesa de volver a buscarlos después de cargar combustible. No volvieron. Huyeron con el auto hasta Santiago del Estero, donde lo dejaron chocado y abandonado.
Los otros dos hombres que participaron del hecho —adolescentes al momento del crimen— se entregaron a la Justicia pocos días después, admitieron su participación y fueron juzgados y condenados por separado. Hoy, con sus penas ya cumplidas, no tienen deuda pendiente con la sociedad.
Ibáñez, en cambio, desapareció. Según los informes incorporados al expediente, "en 1996 sale de Catamarca y en 1998 se va a vivir a Tandil, provincia de Buenos Aires -donde conoce al padre de su hijo- luego a Luján y a Chivilcoy por razones de trabajo". Usó documentación falsa —un DNI a nombre de Lorena Inés Alcaraz y firmó contratos de alquiler a nombre de "Moira Silvana Di Marco"— y armó una vida nueva de punta a punta.
Otro informe retrata en qué había consistido esa vida. “Moira” llevaba 10 años en pareja y tenía un hijo. Tenía una familia y según ella misma contó, con su pareja tenía una relación "armónica, comunicativa, de afecto", sostenida económicamente por un hombre que "se desempeña como entrenador del deporte de polo". Entre campos y caballos, a más de mil kilómetros de Catamarca, "Moira Di Marco" no tenía nada de la mujer que un tribunal buscaba por homicidio.
La captura
De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, la pesquisa se reorientó hacia la provincia de Buenos Aires presuntamente a partir de contactos personales del entonces fiscal Juan Pablo Morales, oriundo de la localidad bonaerense de Junín, lo que derivó en una comisión encubierta que dio con el paradero de Ibáñez en Chivilcoy. El 27 de junio de 2008, la Justicia catamarqueña allanó su domicilio y la detuvo.
A más de 10 años del crimen, las chances de dar con las responsables eran cada vez más escasas —de hecho, Karina Aybar, la otra sospechosa, continúa prófuga hasta hoy—. La detención de Ibáñez llegó apenas semanas antes de que la causa prescribiera.
"Con el consenso de todos"
En los fundamentos de la condena se descarta que el plan original fuera matar a Marín y queda planteada la duda. "No podemos descartar que la idea era sorprenderlo pegándole, asaltarlo o fingir un asalto de otras personas para sustraerle el vehículo —principal propósito—, y luego de dejarlo en algún lugar maniatado, darse todos a la fuga sin que Marín advierta la presencia o reconozca a los agresores. Pero este salió del vehículo y casi seguro que los reconoció, por eso le pegaron de frente hasta rematarlo, con el consenso de todos".
Lo que sí quedó probado, según el Tribunal, es la intención en el momento del golpe. "Las características de las lesiones, violencia y mecánica de producción de los golpes descripta por el facultativo demuestran sin lugar a dudas que al momento del hecho existió una intención homicida, discernimiento éste que se fortalece si apreciamos el arma utilizada para darle la muerte: una mancuerna de pesa".
En mayo de 2010, la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación condenó a Ibáñez a prisión perpetua como coautora de homicidio criminis causae. A 30 años del crimen, sigue cumpliendo esa condena. Aybar, en cambio, nunca fue hallada.
Expediente
7 de septiembre de 1996 Pablo Ramón Marín fue asesinado.
Días después del crimen, los dos cómplices más jóvenes se entregaron a la Justicia y admitieron su participación. Ibáñez y Karina Aybar, en cambio, huyeron con el vehículo hasta Santiago del Estero.
1997/98. Ibáñez se instaló en Buenos Aires, con documentación falsa. Armó una nueva identidad como "Moira Di Marco".
Junio de 2008. Fue detenida.
Abril de 2010. Comienzó el juicio oral en Catamarca.
Mayo de 2010. El tribunal la condenó a prisión perpetua como coautora de homicidio criminis causae.
Septiembre de 2026. Se cumplen 30 años del crimen. Karina Aybar continúa prófuga hasta hoy.